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Un Nobel sin premiado ni paz

Pekín impide a Liu Xiaobo, condenado a 11 años, recoger el galardón en Oslo.

el 10 dic 2010 / 20:39 h.

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El secretario del Comité Nobel noruego colocó ayer en una silla vacía el diploma del Premio Nobel de la Paz 2010, el disidente chino Liu Xiaobo.

El premio Nobel de la Paz 2010 se entregó ayer con la silla vacía del galardonado, el activista chino Liu Xiaobo, quien no pudo asistir a la ceremonia por cumplir una pena de 11 años de prisión en su país natal. Xiaobo, a pesar de su ausencia, envió un mensaje de conciliación y de esperanza a su país.

Las palabras del ganador del Nobel 2010 fueron escuchadas en el Ayuntamiento de Oslo con la voz de la actriz noruega Liv Ullmann, que leyó un texto pronunciado por Liu el 23 de diciembre de 2009, en el juicio en el que se le condenó por incitar a la subversión como coautor del manifiesto Carta 08.


Frente a lo que él definió como la "mentalidad del enemigo" del régimen chino, Liu dijo no tener "enemigos" ni sentir "odio", porque esa forma de pensar "incitará a luchas mortales y crueles, destruirá la tolerancia y humanidad de una sociedad y dificultará los progresos de una nación hacia la libertad y la democracia".

En No tengo enemigos, mi declaración final, título del discurso, Liu admitió no obstante progresos, y resaltó que la reforma y la apertura impulsadas en China tras el fin de la era de Mao Tse-Tung fueron un "proceso de debilitamiento gradual de la mentalidad del enemigo y de la psicología del odio".

Ese proceso favoreció, a juicio de Liu, el desarrollo de la economía de mercado, los avances hacia el Estado de derecho, la diversificación de la cultura y también una mayor tolerancia respecto al pluralismo social por parte del régimen.

Como ejemplo mencionó la aceptación de la universalidad de los derechos humanos que fueron incluidos en la Constitución china, de ahí que considere su condena "inconstitucional", porque entiende que sólo ejerció su derecho a la libertad de expresión.

Ese cambio, reflejado también en un trato más digno y humano en las prisiones, es el que le hace confiar en el progreso político, "porque no hay fuerza que pueda limitar la búsqueda humana de la libertad, y China al final será una nación regida por la ley, donde los derechos humanos reinen de forma suprema".

"Espero ser la última víctima de las -literalmente- inquisiciones infinitas y que de ahora en adelante, nadie sea incriminado por expresarse", dijo. Liu, quien definió como "punto de inflexión en su vida" su participación en las protestas de Tiananmen en junio de 1989, se mostró convencido de que el progreso político en su país "no parará" y que llegará "una futura China libre".

Nadie recogió el premio. El sillón destinado a Liu, cuya foto presidió el escenario principal, permaneció vacío ante la negativa de las autoridades chinas a dejarle viajar a él o a algún familiar suyo a Oslo. Es la quinta vez que un galardonado con el premio no acude a la ceremonia, pero la segunda que nadie lo recoge en su lugar: el único precedente data de 1935, cuando el régimen nazi no dejó viajar al activista alemán Carl von Ossietzky.

Que nadie venga a recoger el premio refleja que éste era "necesario y apropiado", resaltó en su discurso el presidente del Comité Nobel Noruego, Thorbjoern Jagland, quien depositó el diploma y la medalla del premio en el sillón vacío de Liu.

La reacción China no se hizo esperar que calificó el acto de "una farsa política que en ningún modo quebrará la resolución y confianza del pueblo chino", aseguró en un comunicado el Ministerio de Exteriores chino. Según la nota, firmada por la portavoz de la Cancillería Jiang Yu, "la decisión del Comité Nobel Noruego no representa el deseo de la mayoría de los pueblos del mundo". Y es que más de 20 países boicotearon el premio y no enviaron representación diplomática a la gala. China también censuró webs y medios foráneos, y aumentó el cerco a los disidentes -otro firmante de la Carta 08 fue detenido y se encuentra en paradero desconocido- y la familia del galardonado.

Mientras, en Estocolmo (Suecia), el rey Carlos Gustavo presidió ayer la entrega del resto de los premios: Nobel de Medicina, Robert G.Edwars; Física, Andre Geim y Konstantin Novoselov; Química, Ei-ichi Negishi y Akira Suzuki; Economía, Peter A. Diamond, Dale T. Mortensen y Christopher A. Pissarides, y Literatura, Mario Vargas Llosa.

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