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Un padre absuelto de abusos no ve a su hija por atasco en la mediación

el 20 jun 2010 / 11:33 h.

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Un padre absuelto de abusar sexualmente de su hija de 2 años, pues las lesiones que tenía se debían a que ella misma se había rascado los genitales por las lombrices, ha denunciado que lleva sin verla seis años y no puede establecer un régimen de visitas por el atasco en el punto de encuentro familiar.

Su abogado, Rafael Caballero, ha dicho a Efe que pese a que el padre M.A.T.B. fue definitivamente absuelto por la Audiencia de Sevilla en octubre de 2009, el punto de encuentro donde debe empezar un régimen de visitas con su hija ha comunicado al juzgado que no puede atender casos nuevos debido a la saturación de asuntos que tramita.

El padre lleva sin ver a su hija, ahora de 9 años, desde hace seis años, pues en marzo de 2004 el juez le retiró la comunicación debido a la denuncia por abusos sexuales de la que resultó absuelto en un juzgado penal y luego por la Audiencia de Sevilla.

Tras la absolución, el juzgado de Lebrija (Sevilla) que llevó el divorcio de los progenitores estableció en febrero pasado un régimen de visitas en el Punto de Encuentro Familiar, pero el Equipo Técnico ha respondido que no puede atender casos nuevos.

El abogado ha afirmado que su cliente "de derecho es inocente pero de hecho está condenado a no ver a su hija,  tiene una sentencia muy bonita pero sin ningún tipo de efectividad y que no se cumple".

M.A.T.B. va a pedir una indemnización como única manera de resarcir el daño moral sufrido, pues según su abogado el Tribunal Supremo reconoció esa posibilidad en un caso idéntico sentenciado en junio de 2009.

"A día de hoy, y a pesar de dos sentencia absolutorias, mi cliente no ha podido ver, estar ni comunicar con la menor", sostiene Rafael Caballero.

El padre fue absuelto en primera instancia en enero de 2009 porque, según dijo el forense en el juicio, no se podía descartar que la propia niña se rascase la zona genital durante la noche, debido al picor que le producían las lombrices, lo que justificaría la persistencia de las rojeces cuando ya no tenía ningún contacto con el acusado.

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