Local

Un parto a contrareloj

Ana lleva dos años en fecundación in vitro porque ve, que a sus 34 años, se le escapa el sueño de ser madre. Y Manoli, con 24, ya luce anillo de casada porque le embarga la misma preocupación. Es el primer problema de la endometriosis: el tiempo corre en contra de una enfermedad que sesga la fertilidad de la mujer.

el 14 sep 2009 / 23:24 h.

TAGS:

Ana lleva dos años en fecundación in vitro porque ve, que a sus 34 años, se le escapa el sueño de ser madre. Y Manoli, con 24, ya luce anillo de casada porque le embarga la misma preocupación. Es el primer problema de la endometriosis: el tiempo corre en contra de una enfermedad que sesga la fertilidad de la mujer.

"Dejé de trabajar para acogerme al seguro médico de mi pareja. Menos mal que es militar y le pasan el tratamiento in vitro de la pareja. Si no, ya llevaríamos tirados cuatro millones de pesetas". A Ana no le salen las cuentas. Porque entre otras cosas, ha tenido que dejar su Cádiz natal para someterse en Madrid a tratamiento. "Cada intento cuesta un millón. Y ya llevamos cuatro. Sin éxito. Esto es una ruina, porque si no llegamos a ser padres, hay que pagar dos o tres millones para una adopción. La endometriosis te hipoteca para toda la vida", asevera.

En su caso, desde que a los 14 años empezó a sentir dolores insoportables en cada menstruación "de llevarte tres o cuatro días en cama". "Luego, cuando ves que no te quedas embarazada, primero vas a la Seguridad Social. Cuando no te dan solución más que el síguelo intentándolo, acudes a la privada. Fui a dos ginecólogos de pago que me seguían diciendo lo mismo, que estaba perfectamente. Hasta que por internet hace dos años encontré un médico en Madrid que dio con el diagnóstico y me mandó a la clínica en la que estoy". Pero no le gusta el trato. "Como no se sabe el origen de la enfermedad, no te dicen nada. Sólo sé que me han quitado las dos trompas por una infección. Nadie me explica por qué no me quedo embarazada, por qué falla la fecundación. Y cada día que pasa tengo menos posibilidades de ser madre".

Una auténtica carrera a cotrarreloj en la que también participa Manoli. "Todavía no estoy en lista de espera porque tardan mucho. Pedí cita en octubre, y me la dieron para el 31 de marzo con la ginecóloga de reproducción. Luego me dirán que en mi caso ya no sirve la inseminación artificial, con lo que me darán una nueva cita. Y luego, a esperar los tres años que se tarda en empezar el tratamiento de fecundación in vitro". En resumen, una auténtica maratón que bien conocen María Dolores Ortiz, presidenta de la Asociación de Afectadas de Endometriosis de Sevilla (Adaes) y Virginia Caballero, jefa de sección de Ginecología y responsable de la unidad de Reproducción del Hospital de Valme. "Los enfermos suelen dar muchas vueltas antes de que un ginecólogo diagnostique la endometriosis. Y después, las mujeres que quieren ser madres y necesitan de la fecundación in vitro se encuentran con listas de espera de tres años. Por ello, hemos pedido a la Administración que se priorice la atención de estas mujeres, porque cada día que pasa sin tratamiento es una oportunidad que pierden de ser madre", aseguran.

Y es que la endometriosis va restando potencial reproductivo a medida que avanza. "Hasta el punto de que se habla de una enfermedad crónica durante la vida fértil de la mujer o hasta que le quiten los ovarios", precisa la doctora Caballero. El siguiente problema se añade cuando la mujer se vuelve usuaria de analgésicos y otras terapias del dolor "a las que no responden" mientras llega el diagnóstico. "En los casos más graves, en los que la enfermedad afecta al intestino o a los riñones, pueden pasar seis años hasta que se detecta y se inicia el tratamiento especializado".

De ahí que Manoli, en cambio, se sienta "dichosa". "En cuanto me empezaron los dolores, el médico de pago me dijo lo que tenía. Así que me fui al Virgen del Rocío y me operaron. Me quitaron un trozo de ovario, una trompa y dos quistes: uno de 12 centímetros y otro de ocho". Tenía solo 20 años cuando los médicos le dijeron que seguramente se quedaría infértil. La certeza llegó cuando en cuestión de meses le creció un nuevo quiste. "Así que me casé año pasado y me puse a buscar niños. Es muy difícil asimilar que si quieres ser madre, tiene que ser hoy o nunca. Pero yo quiero vivir la experiencia".

  • 1