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Un paseo indoloro

el 15 jun 2011 / 20:19 h.

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A la sombrita sin desfallecer.

Desde Santa Justa coronar La Campana en misión sombrita es imposible. Reconozcámoslo. Pero no desfallezca. Unos metros más adelante, desde la Puerta Osario ya podrá mostrarse altivo ante el reto. Si no llega no será porque el sol le haya tumbado, más bien porque habrá preferido quedarse tomando un sorbete de limón en Rayas.

Las tentaciones a la sombra comienzan mucho antes. No más que dé unos pasos el Callejón Vizcaíno le invita a dejarse de aventuras y proveerse en la taberna del mismo nombre. Si sigue con nosotros tendrá que observar fielmente las reglas, cualquier paso en falso es letal. Créase un gremlin (sin ofender) y así como aquellos huían del agua usted lo hará del sol.

Tendrá que hacer una notable pirueta para pasar a Escuelas Pías sin que un rayo del astro rey le haga ¡zasca! en pleno rostro. Estudie bien las posibilidades antes de lanzarse. Y si no ha sucumbido al corte de pelo en la añeja peluquería que hace esquina con Matahacas ni ha querido recordar el viaje a París que hizo cuando la primera comunión del niño en el Louvre Café, ya estará asomado a la Plaza Jerónimo de Córdoba.

Intente ahora al caminar, a buen paso -¡no se confíe!- por Ponce de León que un autobús no le dé un vahído con uno de sus habituales flatos de tubo de escape. Si lo ha conseguido, al pasar por la depauperada Santa Catalina oteará con la pituitaria las espinacas con garbanzos del Rinconcillo. Allá usted, pero recuerde que tiene que llegar al centro. Y van quedando pocas líneas.

El partido está ganado. En San Pedro podrá solazarse en un banquito mientras emite grititos de gozo al percibir que justo en ese momento los aspersores le riegan la coronilla. Luego, celestial invento, los soportales a uno y otro lado de Imagen, le cobijarán durante algunos metros en los que, si su estética se lo tolera, podrá comprar un abanico a dos euros, del Betis y del Sevilla.

En la Encarnación puede saltarse el guión, hay quienes suben a Metropol Parasol para echarse una cabezada, otros arreglan el mundo charloteando con los indignados que quedan y, los más, contemplan las tan traídas setas desde un velador en la cafetería Spala, ahí donde Puente y Pellón toma su bello nombre. Pisando la acera adecuada al lorenzo le podrá hacer burla. En Laraña si se arrima a la enredadera de Bellas Artes y evita que le pique un abejorro común percibirá un fresquito que le llenará de gozo. Y ya, después del cervezón y la tapa en el Restaurante María Cristina, ahí tiene La Campana. Tal vez ahora, en vez de aire acondicionado, lo que necesite sean sales de frutas.

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