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Un patrimonio para predicar

El arzobispo ingresa en la Real Academia Santa Isabel de Hungría.

el 17 may 2010 / 20:51 h.

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"El patrimonio artístico de la Iglesia Española vive un momento esperanzador desde 1980. Estamos en un período de primavera". Así se expresó ayer el arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, en la toma de posesión de su sillón de académico de honor de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría. Una designación que afrontó con humildad: "Porque no tengo más mérito que el de haber sido nombrado arzobispo de Sevilla por la gracia de Dios y por la benignidad de la sede apostólica", aseguró.

Después de que en los dos últimos siglos el patrimonio eclesiástico español haya atravesado por varios períodos en los que ha sufrido, señaló Asenjo, destrozos y expolios, en los últimos 30 años "ha emergido una nueva sensibilidad en amplios sectores de nuestra sociedad", reconoció el arzobispo de la ciudad, quien vinculó este diagnóstico "a la elevación del nivel económico del país, que ha beneficiado que se concedan más fondos públicos y privados a un sector que antes no se consideraba prioritario".

Si acaso, el reto ahora, abundó Asenjo, pasa por no desvincular la fe y lo religioso de este patrimonio, por lo que el arzobispo alertó de que la secularización actual hace que se llegue a considerar que lo religioso "pertenece a un pasado, a una fase ya superada". Asenjo llamó, por tanto, a predicar con el ejemplo, pero también con el ejemplo del patrimonio de la Iglesia.

"Hay que trabajar para evitar el abandono de la práctica religiosa", dijo, si bien abordó este asunto con autocrítica: "Se necesita calidad pastoral e imaginación para ofrecer un discurso coherente, sin complejos, convincente y atractivo", dijo.

El arzobispo de Sevilla reivindicó, por todo esto, "no desvincular el patrimonio de la Iglesia de su contenido religioso, que es el que ha estado detrás y ha impulsado su creación, y el ejemplo máximo de esto son las catedrales".

Asenjo llamó a "redescubrir el patrimonio eclesiástico, que en España consiste en más de 60.000 templos, como bienes nacidos al calor de la fe y para la gloria de Dios. No se trata de meros elementos o construcciones estéticas y decorativas. Tienen una finalidad evangelizadora y recuerdan que Dios se merece siempre lo mejor". Como señaló un Papa, recordó Asenjo, en una época en la que el pueblo apenas estaba ilustrado, el patrimonio es "como una biblia en piedra".

El arzobispo de la ciudad lamentó episodios históricos como la invasión de España por los franceses o la desamortización de Mendizábal. En el primer caso, detalló, "se produjeron casos como el de la catedral de Sigüenza. Fue expoliada, sus tres órganos destruidos, la orfebrería desapareció así como varios de sus retablos".

Con la desamortización, "los bienes salieron a subasta a precios tan altos que sólo podían ser comprados por la nobleza, y esto hizo más ricos a los ricos y más pobres a los pobres, porque la nobleza, en su uso de la tierra, no siempre tuvo misericordia hacia quienes menos tenían".

En el siglo XX llegaron la Guerra Civil y los años del desarrollismo, cuando "expolios como los que perpetró Erik el Belga en el norte de España fueron sólo la punta del iceberg de unas 35.000 piezas expoliadas", dijo Asenjo.

"Pero en los últimos 20 años las aguas han vuelto a su cauce. Las cosas han cambiado mucho más de lo que los más optimistas podían esperar", celebró el máximo responsable de la diócesis hispalense, que señaló como ejemplo la situación de los bienes inmuebles de la Iglesia. "Nunca antes se habían realizado inversiones tan cuantiosas por parte de las diócesis, la Junta, las diputaciones y los ayuntamientos", aseguró.

Pero, incluso aquí, un papel fundamental ha venido por parte de los fieles: "Ellos son quienes más colaboran. Aportan -según los datos que ofreció Asenjo- en torno al 55% de lo invertido cada año en la conservación del patrimonio en España. Sin la ayuda generosa de las gentes sencillas -recordó el arzobispo- no se haría ni la mitad de lo que se está haciendo".

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