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Un peligroso giro

Un peligroso giro hacia la extrema derecha se está produciendo en Europa sin que se aprecie una reacción significativa por parte de los políticos y de la sociedad en general. Tal cosa ha ocurrido en Italia con el triunfo de Berlusconi y los partidos que le apoyan...

el 15 sep 2009 / 04:58 h.

Un peligroso giro hacia la extrema derecha se está produciendo en Europa sin que se aprecie una reacción significativa por parte de los políticos y de la sociedad en general. Tal cosa ha ocurrido en Italia con el triunfo de Berlusconi y los partidos que le apoyan, y con la conquista de la emblemática alcaldía de Roma por un neofascista que no ha ocultado su signo ideológico. Lo mismo se puede decir de la alcaldía de Londres, en la que se ha desbancado a la izquierda por un representante del partido conservador, conocido por sus comentarios racistas. Son signos de una deriva que también se puede apreciar en Sarkozy y su gusto por las medidas radicales ante el fenómeno de la inmigración, e incluso en un desconcertado Gordon Brown que se apunta también a este carro al exigir a los inmigrantes que abonen el sobregasto de las atenciones sociales que ellos provocan, además de aplicar otras medidas de la misma índole. Unos cambios que hay que sumar a la extensión de los partidos de extrema derecha en casi todos los países de la Unión Europea, en la que se ha recrudecido el discurso contra los derechos y libertades y que ha encontrado en los emigrantes un terreno abonado para su aplicación. Y así se ha dado un peligroso giro en cuestiones que hasta hace poco parecían inamovibles.

Un triste ejemplo de ello es Italia con el tratamiento que se les está dispensando a los gitanos rumanos, lo que refleja unos planteamientos racistas hacia una etnia y un pueblo que nos hace recordar las políticas sangrientas del nacionalsocialismo y las dictaduras fascistas. Nos acosa una pesadilla en la que los fantasmas del pasado cobran vida, y en la que los discursos y las prácticas que parecían superadas adquieren un descarado protagonismo en una Europa inerme desde el punto de vista ideológico. Y este giro, que ahora se visualiza en un colectivo, nos puede afectar a todos y a todas pues la extensión de la ciudadanía, incluyendo a las mujeres, es fruto de un pensamiento que ahora se quiere quebrar con este peligroso viaje a posiciones de la derecha más extrema. Nos referimos al pensamiento de la uniformidad, que se desenvuelve en torno a un sujeto único, a un solo modelo de ciudadano, protagonista exclusivo del conjunto de las relaciones económicas, políticas y sociales que se entablan en una concreta comunidad. Un solo modelo de ciudadano -que resultó ser la encarnación del hombre blanco, occidental, representante de una clase social, la burguesa, que concita en su seno el conjunto de valores que hay preservar, unos valores que se identifican con la seguridad, el orden, la estabilidad- que hubo que quebrar para que emergieran otros colectivos que reclamaban para sí el protagonismo social, político y económico del modelo establecido. Es pues el pensamiento de la diversidad el que nos permite a todos y a todas participar activamente en la sociedad en la que nos ha tocado vivir; una diversidad incluyente que no debe tener más límites que aquellos que se derivan del respeto al derecho de los demás. Por ello, cuando de nuevo se defiende un modelo de ciudadano, al que se le considera de primera frente a los otros y otras que son distintos, se está atacando en su mismo fundamento la ideología de la diversidad que hizo avanzar a Europa en estos últimos años.

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