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Un poco de autocrítica

En un papel, en una hoja en blanco, se puede escribir de todo, desde una obra de arte literaria, hasta la mayor de las estupideces y peor de las calumnias.

el 15 sep 2009 / 03:47 h.

En un papel, en una hoja en blanco, se puede escribir de todo, desde una obra de arte literaria, hasta la mayor de las estupideces y peor de las calumnias. Puede ser, por tanto, la pluma, y en este país hemos tenido ejemplares exponentes de ese poder instrumental, como por ejemplo el caso de nuestro inmortal Quevedo, un arma que puede hacer más daño que un puñal clavado por la espalda. Es hora por tanto de exigir mesura y sentido de responsabilidad en la crítica ácida, no contrastada, y carente, muchas veces, de objetividad que vemos reflejada a diario en ciertos medios de comunicación escrita, que parecen empeñados, en utilizar ese cauce que entraña, en principio, una legítima manifestación de la libertad de expresión e información, con el fin de revalidar lo que de antemano diseña una determinada línea editorial, sea de la corriente que sea.

A veces, con inteligencia, sentido del humor y dominio de la sátira y el sarcasmo, mas otras con premeditada mala leche, con ánimo deliberado de hacer daño y además sin gracia, y es ahí donde se debe hacer autocrítica, pues se corre el riesgo de entrar en una espiral de lanzamiento recíproco de dardos envenenados, en cuyo fuego cruzado pueden caer, y de hecho ya están cayendo, muchas víctimas colaterales, cuyo derecho al honor y a la propia autoestima e imagen, puede resultar seriamente dañado.

Seamos todos, pues, responsables en la justa medida que a todos nos resulta exigible, sin que se pueda pretender menospreciar a unas ministras o consejeras por el mero hecho de ser mujeres, ni resaltar, en positivo su condición femenina en defensa de esos ataques furibundos, porque a la postre se pone en tela de juicio su propia valía personal y profesional, sin condicionantes absurdos de género. Y como ese, miles de ejemplos, en los que, cómo no, los jueces, sin capacidad de respuesta, con razón o sin ella, son los blancos de esa prensa amarilla.

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