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Un premio para seguir luchando

La Junta galardona a Rocío Herrezuelo por su esfuerzo y superación personal

el 27 mar 2011 / 17:37 h.

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Rocío Herrezuelo, junto a sus padres, en la habitación donde estudia cada tarde.

Bromea con los profesores, aprobó Selectividad con más de un siete, va al cine, hace estación de penitencia con la hermandad de los Panaderos, tiene Tuenti, anima cada domingo al Betis y le encanta escuchar la discografía de Alejandro Sanz, una y otra vez, hasta aburrir a su madre. Cualquiera diría que Rocío Herrezuelo tiene un 92% de discapacidad y que lleva toda su vida en una silla de ruedas. "Una negligencia médica a los dos días de nacer le provocó una parálisis cerebral que le complicó la vida, pero no se la hizo imposible", cuenta el padre.


El pasado 28 de febrero fue un día muy especial para Rocío y su familia. La Junta, con motivo del Día de Andalucía, galardonó a la estudiante reconociéndole "su superación personal y su trayectoria académica ejemplar". La joven asiste cada mañana a la Universidad Pablo de Olavide, acompañada por sus padres, para estudiar Geografía e Historia. "Rocío no tiene complejos", asegura Rafael. Y "sorprende a compañeros y profesores porque siempre tiene una sonrisa y está dispuesta a participar contestando las preguntas que se hacen en clase" añade Luisa, la madre, que, desde principios de curso hasta hace unos días, entraba en clase con su hija. Ya no lo hace porque la Olavide le ha facilitado que una alumna voluntaria, Valme Márquez, se encargue de ayudarla en el día a día académico.


En el primer cuatrimestre, Rocío ha aprobado todos sus exámenes con notable, una recompensa para sus padres, que llevan 21 años dedicados completamente a su hija. Rafael se prejubiló a los 56 años para ayudar a Luisa y asegura que "es un sacrificio total. Sobre todo para su madre". Pero está contento, porque le está ayudando a que pueda realizar su sueño. "Me encanta saber cómo es el planeta y dónde vivimos" afirma Rocío, con dificultad, cuando se le pregunta por qué le gusta estudiar. "A veces no la entiendo bien porque me he llevado muchos años trabajando y no he pasado con ella tanto tiempo como mi mujer", se lamenta Rafael.


El principal inconveniente con el que convive Rocío es la dificultad que tiene para comunicarse. Sin embargo, los logopedas han conseguido que Rocío se maneje con la informática, lo que le permite expresarse de forma escrita. "Hace dos años le regalamos un portátil por los Reyes y le ha dado la vida", cuenta Luisa.


Además, Juan Vázquez, técnico en discapacidad de la Olavide, está trabajando para facilitarle un teclado táctil sprind board similar al que utiliza el físico con parálisis cerebral Stephen Hawking. Vázquez cree que "Rocío podría dedicarse a la investigación, ya que su discapacidad le cerraría otros campos, como el de la docencia".


Rocío puede presumir de ser una alumna muy querida por sus profesores. Estudió secundaria en el instituto Ramón del Valle-Inclán y fue éste el que propuso a la Junta el galardón. "Nos citaron en la Delegación de Educación y el delegado nos comunicó que habían decidido darle el premio a Rocío. Me harté de llorar cuando nos dieron la noticia", asegura Rafael.


Aún no ha completado el reto universitario, pero ya piensa en el siguiente. Moverse con un carrito eléctrico. Los padres piensan que "hay posibilidades porque está recuperando un poco de movilidad en las manos, lo que le posibilita dominar el mando del carrito sin correr tantos riesgos de accidentes".


La familia siempre ha ido buscando puntos de apoyo para que Rocío se sienta integrada. La Universidad es uno de ellos, pero también lo es la Iglesia. De pequeña iba a campamentos que organizaba la iglesia Beato Marcelo Spínola. Cada año, además, hace la estación de penitencia con Los Panaderos, acompañada por sus tres hermanos: Luisa, Granada y Rafael.

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