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Economía

Un pulmón económico relegado al olvido

Una caída de actividad y cierre de empresas en torno al 30% y una leve reactivación a costa de unos precios muy rebajados, marcan el balance de la crisis en los polígonos.

el 30 nov 2014 / 12:00 h.

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Imagen tomada ayer del polígono Store. / J.M. Paisano Imagen tomada ayer del polígono Store. / J.M. Paisano Con el paso del tiempo han ido perdiendo el sentido de su nombre. Han dejado de ser polígonos industriales para convertirse en parques empresariales y comerciales abiertos al gran público, y han sido testigos de excepción de la mella de la crisis en el tejido empresarial sevillano. Muchas de sus calles –hay una veintena de polígonos solo en la capital– muestran una secuencia de naves cerradas con carteles de se alquila o se vende. No hay cifras oficiales del conjunto, pero en algunos casos como el Calonge, su presidente, José Palma, estima entre un 30 y 40 por ciento la caída de actividad. De 1.170 empresas instaladas en 2007, el censo desciende hasta las 800 en la actualidad, un 32 por ciento menos. Es el saldo de seis años de crisis. Una decadencia que se suma al olvido del Ayuntamiento, al que se afea un déficit de inversiones a excepción de actuaciones «muy puntuales e insuficientes», lamenta el presidente de la Asociación de Parques Empresariales de Sevilla (APES), José María López Santos, que las considera vitales para animar la actividad de las pymes que aún los habitan. La buena noticia es que con 2014 ha llegado lo que el sector coincide en definir como «un freno a la sangría», pronto aún para elevarlo al grado de recuperación. Pero sí, se constata más dinamismo, sobre todo en el alquiler de naves. ¿A costa de qué? De una devaluación muy importante del precio del suelo y de las naves, a veces aprovechando la desesperación del que vende, y otras porque se piensa que no va a haber más rebaja, que han tocado fondo. Francisco Gómez, responsable del Store, pone un ejemplo: «si en los tiempos de antes una nave de 800 metros se alquilaba en 6.000 euros, ahora se alquila por 2.000». Hagan la cuenta: se paga un tercio de lo que se pagaba hace unos años. Este recinto, sin embargo, está entre los que han mantenido más estable su ocupación. Cuenta con 246 empresas y apenas han salido a la venta o para alquiler unas diez o doce naves en este tiempo, precisa Gómez. En el caso de El Pino, José Manuel Fernández, coordinador de APES y vinculado a ese parque, calcula que los precios han caído «entre el 40 y 50 por ciento» fruto de la crisis. La provincia no escapa del hundimiento de precios. Ocurre algo similar en el polígono La Isla, en Dos Hermanas. Antonio Lluch, presidente de la entidad de conservación, abunda en que las parcelas sin edificar se han depreciado un 66 por ciento (solo queda una docena de terrenos sin construir), mientras que en el caso de las naves ya levantadas están a mitad de precio. Pero hay poca oferta, el grado de ocupación es muy elevado. Aquí la crisis se ha trasladado en dos versiones. Más que en el cierre de empresas –estos años se han llevado por delante a 30 de las 250 implantadas, una pérdida del 12 por ciento–, se ha percibido más en la reducción de superficie ocupada. «Hay muchos almacenes y operadores logísticos, están casi todos los grandes de la distribución, y algunos han pedido ocupar menos espacio», lo que ha disminuido la ocupación un 15 por ciento. Como en todo, las generalizaciones no sirven. Si hablamos de ocupación, ésta oscilaría en la capital «entre el polígono Navisa, con una colmatación casi completa en sus naves, y El Pino, donde se estima un 40 por ciento de suelo libre», señala el presidente de APES, quien apostilla que, si se nota cierto dinamismo, responde a las empresas de mayor tamaño y que estos parques en su mayoría están integrados por pymes. «Faltan varios años para que se traslade a las pequeñas». Otro síntoma de reactivación es el mayor tráfico de vehículos y hasta de afluencia de gente y gasto en consumo en los bares de estos recintos, como reseña José Palma, al menos en el Calonge y desde marzo. Pero la opinión unánime es que no hay señales firmes para el optimismo. Y los robos... Al azote de la caída del consumo, de los impagos, del cierre del crédito... en definitiva, de todos los factores que dan forma a la crisis, y a la falta de inversiones de mantenimiento, hay que sumar en estos parques dos circunstancias más: el incremento de los robos y de la morosidad de los inquilinos. Apunta José María López Santos que desde que se inició la crisis se han registrado numerosos robos de materiales y maquinarias, tanto en las empresas como de los propios parques. Aunque no aporta datos de número de denuncias interpuestas, sí reseña que «desde que se iniciaron las reuniones periódicas con la Policía Nacional se ha producido un descenso en los delitos de un 40 por ciento en los polígonos», tomando como referencia el año 2011, apostilla. Y la morosidad, que ronda el 30-40 por ciento en el conjunto de parques de la capital. Hasta ahí varios problemas comunes y compartidos, pero también cada polígono tiene su particular sambenito. Así, la prostitución es el principal caballo de batalla de Carretera Amarilla, Navisa y Su Eminencia, apuntan desde la patronal, mientras que para Store y Calonge son las botellonas y la movida nocturna que se concentra los fines de semana en torno a los locales de ocio, con sus consecuencias en seguridad y limpieza. En El Pino preocupan los robos de tapas de arquetas, al tiempo que en La Negrilla son las carreras de coches por sus calles. En medio, otra circunstancia, la obligada creación de las entidades urbanísticas de conservación. «Lo que pedimos es que se instauren sin que supongan una doble tasa impositiva», reclama Antonio López Balbuena, secretario general de El Pino. «Queremos que el Ayuntamiento nos considere y nos trate como un área de la ciudad que tuviera censo electoral». Por esa razón, insiste, «no se nos presta atención». Según los últimos datos disponibles del sector –que se remontan al año 2009– los polígonos industriales representaban un 53 por ciento del PIB local; recintos a los que acudían diariamente a trabajar en torno a 50.000 personas a más de 2.500 empresas, según la información aportada por la APES, que estima que el peso sobre el PIB «puede mantenerse estable» porque en aquel estudio no se contabilizó la actividad que generaban los autónomos, explica José María López, quien tomó el relevo de Antonio López Balbuena el pasado enero al frente de la Asociación de Parques Empresariales de Sevilla. 600_Imagen -1-Fotos-1-2621354.XML Alcalá sufre la ‘huida’ de las grandes industrias Alcalá de Guadaíra representa el polo industrial de la provincia por excelencia. En su término municipal, una treintena de polígonos industriales y parques empresariales germinaron al calor de la implantación de grandes industrias, lo que la hizo muy próspera, pero también más expuesta al fenómeno de la deslocalización industrial. Las huidas más recientes en el tiempo han sido las de Roca y Puleva, pero antes se marcharon muchas otras, lo que ha dejado «indiscutiblemente» su huella. «La crisis ha tenido en Alcalá un impacto muy fuerte, no solo por el cierre de grandes empresas, sino porque al ser locomotoras han arrastrado a toda la industria auxiliar ubicada en su entorno», señala Carlos García Gandul, presidente de la Federación de Industriales y Comerciantes de Alcalá de Guadaíra (FICA). Un desmantelamiento que tiene cifras: «una reducción de actividad industrial del 40 por ciento». Y es que tras la construcción, la industria se ha demostrado más vulnerable. También percibe un cambio, ya que «parece que se ha parado la destrucción de empresas», pero no toca hablar aún de recuperación. Algo que no será realidad si, a su juicio, no se mejoran cuestiones básicas que resulten competitivas para las empresas como la reducción de las trabas burocráticas, un cambio en la política fiscal o mayor facilidad del crédito, porque –recuerda– en costes no se puede competir ni retener a las industrias. Para no perder más empresas de referencia, reclamó agilidad en el dragado del río, que requieren sectores como el siderúrgico o el cementero para asegurar su supervivencia y no aumentar la nómina de despedidas. Además, instó a invertir en mejorar la carretera que une Alcalá con Dos Hermanas y a agilizar el tranvía.

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