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Cultura

Un regalo impensable

Reseña del concierto que la violinista Tanja Becker-Bender y el pianista Peter Nagy ofrecieron el miércoles 11 de septiembre en el Centro Cultural Cajasol en el marco del IV Festival Turina.

el 13 sep 2013 / 22:01 h.

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TODO BARTOK

* * * * IVFestival Internacional de Música de Cámara Joaquín Turina. Centro Cultural Cajasol. Programa: Sonatas nº 1 y 2. Rapsodias nº1 y 2, Bela Bartok (1881-1945). Intérpretes: Tanja Becker-Bender, violín. Peter Nagy, piano.

Escasea en Sevilla la música de cámara –desde que Cajasol decidiera dar carpetazo a su sobresaliente ciclo– y más aún lo hace la música comprometida del siglo XX. Ni hablar de exigentes programas monográficos. Por eso el recital propiciado por el Festival Turina de la violinista Tanja Becker-Bender y el pianista Peter Nagy resultaba tan intensamente atractivo. Un (casi) todo Bartok para estos dos instrumentos en conjunto, 90 minutos frente a frente con los pentagramas del más importante compositor húngaro del siglo XX–con permiso de György Ligeti–.

En la Sonata nº2 anidaron las mejores esencias del Bartok de madurez. Música sombría que abraza la suspensión tonal, coquetea con lo atonal y regresa a un estado de impactante crudeza expresiva. Que nos parezca más interesante el capítulo pianístico es irrelevante. Porque ambos intérpretes –que acaban de editar en Hyperion un formidable disco Hindemith– leyeron estas partituras con una intensidad idiomática fuera de toda duda.

El Guarneri de Becker-Bender lució toda su intensa gama armónica, con un sonido denso y nervioso. Refulgió con toda la pirotecnia deseable en las dos Rapsodias –más abiertamente melódica la primera, más rítmica la segunda–, ejecutando con fina hilazón modernista unas páginas que no ocultan su raíces en los verbunkos, esas piezas tradicionales húngaras que con tanta delectación anotaron Bartok y su colega Kodaly. En la Sonata nº1, Nagy, gran teclista que habitúa a pasar desapercibido, heló la noche con un Adagio musitado, hermosamente triste. Este repertorio lo van a grabar ambos músicos. Lo que entonces tendremos será una bella recreación de un concierto francamente maravilloso. No esperaremos que se repita porque, sinceramente, no se repetirá.

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