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Un retrato de Sevilla

Cuando todavía Colón se encontraba protagonizando su cuarto y último viaje descubridor, la Corona decidió en 1503 la creación en Sevilla de una institución que tendría larga vida: la Casa de la Contratación, instalada en las dependencias del Alcázar.

el 15 sep 2009 / 07:27 h.

Cuando todavía Colón se encontraba protagonizando su cuarto y último viaje descubridor, la Corona decidió en 1503 la creación en Sevilla de una institución que tendría larga vida: la Casa de la Contratación, instalada en las dependencias del Alcázar (residencia regia, no lo olvidemos) y con plenas atribuciones sobre la navegación con las Indias, el control migratorio, el apresto de flotas, la fiscalización del tráfico y el registro de mercancías, y que más tarde asumiría también funciones científico-náuticas y judiciales. La capital hispalense reunía condiciones más que sobradas para albergar la sede del monopolio en las relaciones marítimas y mercantiles con el Nuevo Mundo y para convertirse durante más de dos centurias, entre 1503 y 1717 -fecha esta última en que la Casa se trasladó a Cádiz-, en "Puerto y Puerta de las Indias".

En general, la Baja Andalucía y el golfo de Cádiz ofrecían indudables ventajas con respecto a los puertos mediterráneos y cantábricos en condiciones geotécnicas y rentabilidad en tiempo y costo de las expediciones, a lo que había que sumar la adecuada infraestructura naval de la zona y su milenaria tradición náutica. Sevilla, en concreto, ejercía desde mediados del siglo XIII la capitalidad del comercio con el norte de África, Portugal y las islas del Atlántico Medio. Poseía larga tradición mercantil, casas comerciales, bancas y agentes extranjeros, prestigiosos organismos mercantiles y judiciales, amplias atarazanas y una nutrida burocracia propia de su condición de gran urbe. Con sus casi 70.000 habitantes en torno a 1500, era la metrópoli del sur, bien comunicada con la Meseta interior y con feraces comarcas agrícolas adyacentes. Si a ello se suma su condición de puerto interior abrigado y seguro, a menos de 90 kilómetros de la desembocadura del Guadalquivir, nos explicamos las razones de tal elección. Sevilla reunía todos los requisitos para ejercer una capitalidad comercial que, de hecho, había venido desempeñando desde hacía más de dos centurias.

Por lo dicho, hay que insistir en la idea de que el esplendor de la Sevilla de 1500 fue la causa -y no efecto- de tal designación. El hallazgo de las riquezas americanas y el incremento del tráfico atlántico no hicieron más que acrecentar este esplendor, que se manifiesta en todas las representaciones de la ciudad (lienzos, estampas y grabados) de los siglos XVI y XVII, entre ellos, el espléndido cuadro que acaba de adquirir la Fundación Focus, hasta ahora perteneciente a una colección particular de Barcelona, fechable en torno a 1650, y que hasta no hace mucho tiempo estuvo atribuido sin fundamento alguno, según el siempre recordado Juan Miguel Serrera, a Juan Bautista del Mazo. El propio autor apuntó en 1989 que fue pintado por un artista flamenco y lo consideraba, por su ejecución y calidad pictórica, la mejor representación de Sevilla al óleo de todo el siglo XVII, aunque no la más fiel desde el punto de vista urbanístico, topográfico y arquitectónico porque "los detalles cuentan más que el conjunto". Enhorabuena por esta adquisición. El lienzo está ahora donde tenía que estar: en Sevilla.

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