Local

Un revés ganador

Librepensador, abogado, trianero, bético, republicano y presidente de la Española de Tenis.

el 27 nov 2011 / 16:20 h.

TAGS:

José Luis Escañuela tiene estrella. Diría que de Triana, allí donde nació, donde reside la Valiente. El tenis español tiene por presidente un intelectual atrapado en una contradicción vital: en la praxis se aplica como defensor de causas imposibles, que no de perdedores. En su perfil de twitter añade un lema que dice "lo posible me cuesta un rato, lo imposible lo llevo al paso."

Para Escañuela, no existen las derrotas, que juzga como pistas de otras victorias posibles. Suele decir que tanto aquellas como éstas son ficciones y que, con el paso de los años, pierden trascendencia y son quiméricas, aunque no le falta ni ha perdido aún la vocación de la utopía. Por eso nació queriendo ser abogado en un permanente compromiso existencial con los más débiles.

Si hay una palabra que define a Escañuela es la de librepensador y por ello eligió que su éxito no se cifraría en nada material. La primera gran victoria que entiende presente en su discernimiento tuvo relación con el que siempre consideró como un modelo de sevillano, Diego Martínez Barrios, don Diego, cuyo retrato lleva en su cartera como una inspiración. Fue Escañuela, en un escorzo imposible, el que consiguió devolverle la tierra que amó y soñó desde el exilio.

El traslado de sus restos a Sevilla lo entiende como un regalo que le hizo don Diego, como si su regreso le devolviera a aquel el dominio sobre su propia muerte de la que fue privado. Fue en 2000 cuando regresaron por iniciativa de Escañuela los restos a Sevilla, justo el año en el que en el Palau Sant Jordi de Barcelona se libraba otro conflicto, esta vez con una red de por medio y raquetas de tenis como armamento. El equipo español de Copa Davis ganaba su primera Ensaladera ante Australia y abría una década de dictadura gloriosa que se alarga hasta nuestros días. En 2008 el Ayuntamiento de Sevilla rindió homenaje a su ilustre político sevillano mientras Verdasco, Feliciano, David Ferrer y compañía tomaban Mar del Plata en medio de la adversidad, sólo meses antes de que José Luis Escañuela accediera a una presidencia que alguien había convertido en una tragicomedia.

Años atrás soñaba con otro escorzo imposible en el que como delantero centro y con una camiseta verdiblanca, hiciera estallar el balón contra la red en el Benito Villamarín. No en vano, tiene por referencia en aquel puesto reservado a los rompedores a su venerado Lobo Diarte.

Su tío José Luis Ruiz, que fuera vicepresidente en tiempos de Benito Villamarín, le había inoculado el veneno verdiblanco a través de los genes. No podía ser de otra manera. Cuando aquel campo lloró de alegría a un Betis que saltaba por fin en Primera tras penar años antes por campos de Tercera, aquel chaval que iba para abogado sintió alivio y desazón, porque el Betis gana cuando pierde y pierde cuando gana y porque un bético no entiende de derrotas o victorias, sino de sentimientos.

Por la rodilla llegó a la raqueta y su afán por la escritura desde los tiempos del periódico escolar pionero en Sevilla del San Francisco de Paula El Mendrugo; como los poemas de Cernuda, otro sevillano exiliado, cuyo rastro camino de México siguió y encontró recientemente en Austin (Texas) con motivo de la eliminatoria entre Estados Unidos y España. De Cernuda es tan devoto como de la Virgen de la O de Triana, o de los Poemas del Alma de Altolaguirre que le acompañaron en los aires difíciles de Rota, su otra pasión. Tal vez por su empatía con Cernuda que Escañuela piense que no hay forma de sentir más cerca una ciudad que alejarse de ella; y así habla continuamente de sentir España. Como el Libro del Tao, cuya filosofía parece seguirle, con aquello de "quien no busca el mérito, éste no le es negado."

En los últimos años, descubrió otro regalo: Barcelona, donde la Federación que preside tiene su sede. Allí en otro escorzo más, llegó a ser el primer presidente del tenis español en leer en la presentación del Godó su discurso en catalán. Desde allí ve a Sevilla con cierto desgarro, consciente de la decadencia de aquello que se ama y se sueña en la distancia. Fue también ajedrecista, deporte que aprendiera con ocho años.
Como buen delantero centro, ha sufrido, asegura, "las tarascadas de la Junta de Griñán", quien le ha criticado por traer a Andalucía la Final de la Copa Davis.

Ahora a una semana, con la vista puesta en un mar de arena gruesa, a salvo del frío, de la soledad y el miedo, anhela un último vuelo que le lleve, en su tierra, y en la ciudad que ama, a una victoria en la Copa Davis ante Argentina.

  • 1