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Cofradías

Un semillero en el Cerro

La hermandad del Rocío del Cerro del Águila pone rumbo a la aldea almonteña con el ímpetu renovado de sus romeros más jóvenes. Ana López, de apenas 20 años, ejerce el papel de alcalde de carretas durante el camino

el 04 jun 2014 / 14:16 h.

cerro-rocio-2014(FOTOGALERÍA) Manuel Burgos es de los veteranos. Lleva 28 caminos. Los mismos que la hermandad. Dice que de joven iba «a caballo con Almensilla», y que ahora lo hace en un carro con amigos. Lleva de la mano a su nieto Alejandro, de cinco años. «Se queda en El Copero. El año que viene sí va a hacer el camino», explica orgulloso el abuelo a las puertas de la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores, donde suenan las primeras sevillanas de la misa de romeros previa a la salida del Simpecado del Cerro del Águila. La imagen de Manuel y su nieto –ambos vestidos de corto– no es anecdótica. Ambos son reflejo del relevo devocional que vive el barrio. De unos años a esta parte, jóvenes rocieros han ido incorporándose a la senda que desde 1986 conduce a la Blanca Paloma. No es de extrañar que, por ejemplo, una muchacha asuma el cargo de alcalde de carretas. Es Ana López y tiene 20 años, «además de mucho cariño a la hermandad y una buena dosis de carácter, que nunca viene bien para desempeñar labores organizativas en un Rocío», como reconoce su propia madre, Chari. Precisamente, Chari, oficial de la junta cerreña, se muestra satisfecha de que su hija siga sus pasos, así como de la llegada de numerosas reuniones de jóvenes:«Tienen mucha ilusión y ganas de mantener la tradición. Es que es un placer compartir con ellos estos momentos de camino», concluye. cerro-colegio-rocio-2014Momentos a los que el párroco del Cerro, el respetado Alberto Tena, ubica dentro de la fiesta del Envío del Espíritu Santo (vulgo Pentecostés):«Vuestro peregrinar no tiene otro sentido que encontrarse con Jesucristo por medio de su Madre. En la peregrinación, tenéis que dar testimonio de nuestra consagración a la Verdad, a Jesús». Sus palabras van calando en los romeros que cada vez son más numerosos en los bancos del templo. Otros tantos aguardan fuera. Sobre todo, vecinos cuyo camino termina en el antiguo matadero. Rosario López es una de ellas. Con un ramo de flores en sus manos y lágrimas surcando sus mejillas, contempla nerviosa el ajuste de los bueyes al tiro de la carreta. Es consciente de lo fugaz que resulta la mañana, más aún cuando asome el Simpecado por la puerta. Por eso se emociona con cada detalle:«Soy muy rociera, pero sin ir al Rocío. Todo lo que le pido, me lo concede. Me quedé sin trabajo. Las llaves que me dieron para limpiar un nuevo banco, tenía un llavero de la Virgen del Rocío. Me he llevado 40 años en ese mismo banco», relata convencida de la mediación de la patrona de Almonte. «Ven con El Cerro y verás como se te quita tó el sentido...» interpreta el coro de la hermandad mientras los priostes –de nuevo dos jóvenes– se encargan de entronizar el Simpecado en la carreta, exornada con flores variadas de tonalidad morada. La gente se arremolina y cubre la visión de Naranjero y Napolitano, dos astados «berrendos en colorao» que siguen las órdenes de Pepe Villegas. Los animales saben bien el camino, pese a que cambiara el año pasado para «no coincidir con tantas hermandades» y evitar «tanto asfalto»: «Son unos expertos», asegura el boyero que tiene más de diez años con El Cerro. En este punto, el hermano mayor, José María Ruiz, no duda en añadir que la nueva senda en dirección a la carretera de Punta del Verde y el cruce del Guadalquivir por la barcaza de Coria del Río resulta «muy satisfactoria», pues «facilita el paso a muchas hermandades y a nosotros mismos». La historia bien la conoce José Sánchez Marchena, exhermano mayor del Rocío cerreño. «Se ha luchado durante 30 años por este camino». Lo cuenta mientras dice llevar en su carriola 37 personas, muchas de ellas «nuevas semillas» que están brotando. Algo que le tranquiliza «bastante», sobre todo cuando no puede quedarse de noche por achaques de la edad. Los primeros pasos del Simpecado por el barrio resultan lentos y emotivos. Una primera petalá desde uno de los balcones próximos al templo lanzada por un grupo de devotos diminutos, todos siguiendo a la perfección la liturgia del romero de pro. Y continuas bendiciones para los bebés. Estos son llevados en volandas hasta lo alto de la carreta para que sean acercados a la Virgen por los priostes. «Así, cómo para no salir rociero», decía en voz alta Reyes, familiar de una de las pequeña presentadas en esta partida. La tierna estampa hace que Dolores –bautizada en el Quema como La Risitas– recuerde los comienzos. «Parece un sueño ver como todo es como ayer pero nuevo a la vez», dice agarrada a la rueda de la carreta. La Risitas confiesa que siempre ha ido trabajando para la hermandad pero que ahora es diferente:«Desde que me operé, ya no puedo. Pero aquí estoy, junto a Ella. Para pedirle que me de salud». La bajada por la avenida de Hytasa es vivida con intensidad por Manuel y su nieto. Ambos se adelantan un poco para coger sitio en la primera pará:el colegio Ortiz de Zúñiga. «El Rocío lo es todo. Yo he llegado a dejar un viaje de 15 días en Tenerife por ir al Rocío», relata Manuel. Una lección más que recibe Alejandro, al igual que otros tantos pequeños peregrinos que van sumando a esta avanzadilla rociera que se adentra en el recinto del antiguo matadero. Allí decenas de escolares agasajan al Simpecado con sus sevillanas y bailes al tiempo que le dan un mensaje para cuando se encuentre de frente con la Blanca Paloma:«Que no se olvide las necesidades e ilusiones de los pequeños», expone la directora del centro. Son las semillas que se crían un Cerro hecho marisma.

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