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Un sevillismo que se desgaja entre los títulos y las condenas

Del Nido se humaniza en esa metamorfosis de presidente a aficionado. El antepalco lleno y los aplausos contrastan con el enfado de los grupos que consideran que debería haber dimitido antes.

el 09 dic 2013 / 22:50 h.

delnidoVIDEOComo si fuera un velatorio. Los aledaños del estadio Ramón Sánchez Pizjuán, tan bulliciosos en previas de partido, sólo se nutrían de susurros, interrumpidos únicamente por el correteo de más de una decena de cámaras que deambulaban de la entrada a la parte noble del club –a captar, por ejemplo, el regreso de José María Cruz– y la puerta número 4, donde entran los vehículos oficiales de directivos y jugadores. Era un entierro para los más veteranos que copan los bancos cercanos a la Bombonera –algunos afiliados al club de Fieles de Nervión, es decir, socios de carnet con más de 25 años de antigüedad– que no entienden de jueces, condenas de entrada en prisión, sino del fin del presidente de los seis títulos. Marbella les queda lejos y, además, no juega en Primera. Tampoco tiraron de jurisprudencia los que, en el instante en el que a José María del Nido se le quebró la voz por primera vez a la hora de hablar de sus compañeros de viaje –en concreto, Manuel Vicaíno– rompieron en aplausos, que fuera del estadio eran, por cierto, gritos de dimisión. Unos aplausos alejados de las leyes y más cercanos al corazón del sevillismo que vio cómo un club en la medianía de la tabla se asomó un día por esa “colina de Gelsenkirchen” –que citó en su adiós– y construyó el Sevilla de los títulos, que se fue diluyendo hasta la marcha, en verano, de su último héroe: Jesús Navas. Pero no todo son loas. Los títulos están, pero los errores en 11 años y medio de mandato no se olvidan. “Al que decepcioné, al que no traté bien, a todos ellos, disculpas”, citó Del Nido. Tal vez un perdón tardío, como el de su renuncia, que más de uno se la planteó hace dos años, cuando la Audiencia de Málaga lo condenó por malversación. Al menos hay un sector de la afición que así lo piensa y lo manifiesta: los Biris –algunos que no lo son también–. Guardaron silencio en el exterior, pero sin dejar de mostrar esa animadversión hacia el presidente que se coció en unos incidentes sufridos en verano de 2012 en Rota, pero que ha ido a más fruto de la falta de entendimiento. Los Biris sí cogieron el Código Penal y plasmaron sus impresiones en una pancarta con la que algunos se taparon los rostros: “Fuera corruptos del Sevilla”, rezaba, para después variar los calificativos de la tela: “Fuera ladrones”, “Fuera infames”. “El Sevilla somos nosotros”, gritaban, tras 10 minutos de protesta silenciosa, cuando ya se habían adentrado buena parte de los invitados asistentes al acto de despedida de Del Nido. Pero también está otra forma de ver el Sevilla. En un antepalco abarrotado, se aglutinaron varias sensibilidades del sevillismo. Desde el socio número 1, Antonio García Guzmán –que clamó por la unidad de los socios para arropar la etapa que se avecina en el club–, hasta figuras del pasado del Sevilla FC, algunos de ellos del actual staff técnico. Pablo Blanco, Paco Gallego, Enrique Lora, Curro Sanjosé, Ramón Vázquez, Francisco López Alfaro, Francisco Ruíz Brenes Súper Paco, Juan Martagón, Diego Rodríguez y un largo etcétera en el que no faltaron dos antiguos entrenadores. Manolo Cardo, visiblemente emocionado; y Antonio Álvarez. No apareció ningún cargo institucional, pese al apoyo recibido días antes, como el del alcalde, Juan Ignacio Zoido. Empleados del club, socios de cuna, su familia y, cómo no, la plantilla del Sevilla Atlético y todos los integrantes del primer plantel, que acudieron al antepalco encabezados por Alberto Moreno, Reyes y Jairo y entre los que estuvo hasta el descartado Maduro. Cerraban el corrillo el capitán Ivan Rakitic y Marin. Casi todos se quedaron lo justo para saludar al expresidente y abandonar las instalaciones, salvo tres casos: el despistado M’Bia y los chicos de la casa Juan Cala y Javi Varas. Se quedaron ahí, en un segundo plano, al igual que Unai Emery, Monchi y un cariacontecido Pepe Castro –el que será presidente en funciones hasta que se ratifique el sucesor en la Junta de Accionistas–, pendientes del jefe, que se iba desmoronando a cada abrazo en esa metamorfosis de presidente a simple aficionado, que “no irá a los partidos” y no tendrá poder de decisión –“ni para cambiar los rollos del papel higiénico”–, pero con la promesa de ser la sombra que estará arropando a la nave. “Siempre tendréis mi aliento en el cogote”. ¿Se plantea regresar? Fue una de las más de veintena de preguntas que le trasladaron los periodistas. Y, tal vez acordándose de la promesa que formuló el 27 de mayo de 2002 –sanear las cuentas y dar títulos–, se sinceró: “Ya he hecho todo lo que tenía que hacer en el Sevilla”.

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