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Un siglo sin estar a oscuras en Los Palacios y Villafranca

El archivero municipal rescata en una conferencia cómo llegó la luz al municipio hace  exactamente 100 años.

el 19 dic 2010 / 19:41 h.

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Ahora que las constantes subidas del precio de la electricidad nos mantienen cabreados pero prudentes con los interruptores, es imposible imaginar un mundo sin luz tras el crepúsculo. Pero así ha sido el mundo desde siempre, y en Los Palacios y Villafranca hasta hace un siglo, pues fue en 1910 cuando la compañía Sevillana de Electricidad aterrizó en este pueblo, según explica el historiador y archivero municipal, Julio Mayo, en una conferencia que conmemora esta efeméride.

Cuando Cipriano Murube contrató el servicio eléctrico para su tahona de pan en Los Palacios y Villafranca, los lugareños fruncieron el ceño y dudaron si seguir comprando allí. El pan sabía a electricidad, repetía la gente, que empezó a llamar a aquel molino "el del motor", en un runrún que ha llegado hasta hoy como anécdota entrañable y que recoge Mayo en la conferencia que dará a las 20.00 horas de este lunes en el Casino de su pueblo.

Como Cipriano Murube, otros particulares pudientes se atrevieron a contratar aquel servicio mágico que convertía la noche en visible mucho más allá del destello rudimentario a base de carburos y pescado azul restregado en la piel de los niños. Por ejemplo la parroquia de Santa María la Blanca, que incluso se adelantó tres meses a la llegada oficial de la luz y cuyo destartalado transformador se colocó en el centro de la Plaza de España la noche del 24 de julio de 1910, en medio de una algarabía que aún no tenía conciencia de ser histórica.

Cuenta Mayo que el encendido de las lámparas de 400 bujías que se instalaron aquella noche se acompañó de una sesión de cine mudo, y que aquello fue para el pueblo "el no va más".

El Ayuntamiento, gobernado entonces por el liberal borbollista Antonio Calvo, había iniciado los trámites para conseguir el suministro eléctrico dos años antes, cuando se instaló en la vecina Dos Hermanas, y cuando el cableado llegó a Villafranca y Los Palacios, como se llamaba entonces el pueblo, comenzó a surtir de electricidad a varios edificios municipales, como el Consistorio o la Plaza de Abastos. Al pueblo le costaba 250 pesetas mensuales, aunque el impacto estético de cableados, postes metálicos y de madera y palomillas dieron la oportunidad al Ayuntamiento de cobrarle a Sevillana un impuesto que equilibraba el gasto y rentabilizaba el invento hasta el punto de que el municipio pasó de 6.000 habitantes a 10.000 en poco más de una década, gracias al cambio que la electricidad inyectó en el sistema productivo.

Para documentar su conferencia 1910, el año de la luz, Mayo no ha podido contar con el Archivo Municipal. No guarda nada al respecto, ni siquiera el libro de actas de los plenos de aquel año. La ignorancia de tal efeméride afecta también a "la historiografía local", ha criticado Mayo, que ha recurrido principalmente a la libretita de su abuelo, Francisco Mayo, ya difunto, que conservó toda su vida la costumbre de apuntar a diario "curiosidades y detalles". Los datos han sido contrastados en otros archivos provinciales, en el fondo histórico de Endesa y en fuentes hemerográficas.

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