Cultura

Un tablero de juegos junto a la voz

Reseña del concierto que Mariví Blasco e Ignacio Torner ofrecieron el jueves 11 de septiembre en el ciclo Noches en los Jardines del Alcázar.

el 12 sep 2014 / 23:19 h.

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I. Torner & M. Blasco * * * *

Noches en los Jardines del Alcázar. 11 de septiembre. Programa: Obras de Dowland, Correa de Arauxo y Purcell, canciones sefardíes y piezas anónimas. Intérpretes: Ignacio Torner, piano preparado. Mariví Blasco, soprano.

Sin demérito alguno del programa general, el recital propuesto por Torner y Blasco el jueves en el Alcázar resultaba, ya desde el papel, el más original de cuantos iban a proponerse este verano en la señera cita estival con la música. En efecto, ambos solistas encontraron una feliz coincidencia, un punto de encuentro entre la música contemporánea que practica el uno y las partituras antiguas que aborda la cantante. El piano preparado –no estrictamente al modo cageano– fue el vehículo que sirvió para hilvanar dos mundos tan alejados.

El resultado, más allá de lo anecdótico de la confluencia, merece tener rodaje y grabación. Lo tendría, seguro, si ambos intérpretes fueran europeos (pero de la Europa de verdad, allende los Pirineos). Y lo merece porque el recital está ejemplarmente trabajado. Emocionalmente relevante fue la versión de Come again, sweet love doth now invite, de Dowland, con un piano transmutado en sintetizador con Wendy Carlos al fondo. De Mariví Blasco diremos que es de esos (pocos) artistas que sienten la escena intensamente; desprendiendo sensualidad pero arropando el envoltorio con un sentido melódico prodigioso.

Aliento cálido el que insuflo en las canciones sefardíes –Duerme querido hijo, con piano-salterio a su lado– y en la muy arpegiada versión de Con qué la lavaré, de Juan Vásquez. Lleno de intencionalidad teatral, el Romance de Gerineldo constituyó uno de los momentos mayores;por la exquisita y espartana naturalidad de Blasco; y por la concentrada manipulación de Torner sobre el arpa del piano con dos tarjetas de crédito.

Hubo también espacio para la reivindicación de Correa de Arauxo en unas Diferencias sobre el canto llano de la Inmaculada en las que más atisbamos el espíritu burlón de John Cage –padre parcial de la criatura pianística– y, en fin, todo el concierto respiró cohesión y vida propia, merced a dos imponentes músicos que tenemos aquí mismo.

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