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Un tercio de las madres que eligen tener hijos solas son profesoras

Independientes, con buen nivel cultural y económico, seguras de la decisión de tener hijos sin vivir en pareja y espoleadas por su reloj biológico. El primer estudio sobre mujeres que eligen ser madres solas muestra que un tercio de las andaluzas ya había volcado su instinto maternal en la enseñanza.

el 15 sep 2009 / 05:04 h.

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Independientes, con buen nivel cultural y económico, seguras de la decisión de tener hijos sin vivir en pareja y espoleadas por su reloj biológico. El primer estudio sobre mujeres que eligen ser madres solas, que ultima la Universidad de Sevilla, muestra que un tercio de las andaluzas ya había volcado su instinto maternal en la enseñanza.

La vocación profesional de las mujeres que deciden afrontar la maternidad en solitario, adoptando o por inseminación artificial, está tan marcada como el resto de su perfil: casi la mitad -48,8%- se dedica a la educación o la sanidad, es decir, a profesiones con una clara función social y volcadas en los niños y las familias. Son profesoras o maestras casi un tercio de las madres solas de Andalucía, el 31,5%, una cifra muy superior a la de otros estudios; y otro 17,3% trabaja en el sector sanitario.

Hay también un alto porcentaje de funcionarias de otros ámbitos, un 23,5%, probablemente porque los horarios flexibles y un sueldo suficiente y estable les permiten afrontar el reto de formar una familia monoparental, según se desprende del primer estudio sobre madres solas por elección, realizado durante los dos últimos años con datos nacionales, de los que se han extraído los de Andalucía y Madrid para analizarlos más en profundidad, y que se ha completado con amplias entrevistas a 34 madres solas sevillanas. Está financiado por el Instituto de la Mujer y será publicado en breve por el Ministerio de Igualdad.

El análisis ofrece un claro perfil estadístico: mujeres de entre 35 y 45 años, solteras, universitarias, que trabajan a jornada completa por cuenta ajena y ganan de 10.000 a 30.000 euros al año. En Andalucía los datos son similares pero la decisión se toma más tarde, entre los 38 y los 48 años.

Las entrevistas personales dejan ver más allá y dibujan a mujeres fuertes, "empoderadas", es decir, que han asumido el poder de ser madres y lo han buscado porque sabían que sería una experiencia central en sus vidas. Han alcanzado sus retos profesionales, tienen el nivel de vida que deseaban y no se arredran ante el obstáculo de no tener pareja, sino que deciden buscar al hijo: "Hubiera querido tener el hijo con mi pareja, pero no tenía pareja. Entonces, ¿qué pasa? ¿Me quedo cruzada de brazos esperando a que llegue?", explica una de estas mujeres en las entrevistas recogidas en el estudio.

"Son mujeres competentes y capaces, que han ido posponiendo un proyecto de maternidad largamente acariciado porque no se han dado las circunstancias adecuadas, y se deciden tras una larga reflexión, cuando ven que están llegando a una edad límite. Saben que pueden hacerlo bien, y no sienten que tengan que pedir permiso a nadie", explica María del Mar González, profesora de Psicología Evolutiva de la Universidad de Sevilla y responsable de la investigación. "De hecho, casi ninguna pidió consejo a su familia o amigos, todas comunicaron la decisión cuando ya la habían tomado; a veces, cuando ya era irreversible".

"No es por meterme con nadie, pero una pareja de jovencitos yonquis que no tienen absolutamente ninguna formación y se reproducen porque se reproducen ¿le van a dar al niño más que yo? Yo soy capaz de criar a un niño y a media docena. En absoluto pienso que mi hijo tenga desventaja social, todo lo contrario, ha tenido una suerte que te cagas de tenerme a mí como madre".

Hasta ahora se habían estudiado los hogares en los que el padre, o casi siempre la madre, se quedan solos tras una separación o muerte de la pareja. Este estudio, en cambio, desentraña la cifra de mujeres que tomaron esa decisión, analizando expedientes de 2000 a 2004 de mujeres solas que adoptaron o se inseminaron.

No apartan al hombre. Su opción no implica una renuncia a la pareja. Las entrevistas, realizadas sólo a mujeres heterosexuales -para no "mezclar", aclara González- dejan claro que habían previsto la maternidad compartida. Pero cuando no fue posible, porque sus parejas no cuajaron, no se echaron atrás. "No son mujeres que decidieron apartar a los hombres de sus vidas y ser madres a solas como una actitud vital de rechazo al emparejamiento", ratifica el estudio.

Para tener hijos, adoptan o buscan la reproducción asistida. Las entrevistadas no ven correcto quedarse embarazadas de un desconocido y no contárselo.

Ya antes de decidirse han debido disociar la relación aprendida entre maternidad y pareja, pero "estas mujeres han superado tantas cosas en su vida, han roto con tanto que se esperaba de ellas, que no se lo plantean", dice la responsable del trabajo. Más bien al revés: muchas se enfrentan al asombro de su entorno. "Muchísima gente no se esperaba eso de mí. Yo era como la mujer fuerte, independiente, sin ataduras", admite una. "Me decían que estaba loca perdida, complicarme la vida a estas alturas", dice otra.

Conciliación. Las cosas siguen sin ser fáciles para una familia monoparental: las madres trabajan a jornada completa porque son las únicas que llevan ingresos al hogar, y a la vez deben ocuparse de sus criaturas. Todas admiten necesitar ayuda, y todas se apoyan en su red familiar o de amigos, además de en guarderías y, en muchos casos, recursos pagados como canguros por horas, algo que pueden permitirse al tener una economía desahogada. Lo normal es que tiren a la vez de más de uno de esos recursos. Y las que no cuentan con familia o amigos que se queden con sus críos, lo notan. "La palabra clave es cansancio", dice una de ellas. "Me parece que siendo dos la cosa tiene que ser bastante fácil", compara otra.

La víctima de su sobrecarga de responsabilidades es siempre su vida personal, que queda "absolutamente relegada", según estas entrevistas. "Pero son las madres que menos se quejan del mundo -destaca González-, están tan felices con su decisión y les ha costado tanto llegar a donde están, que han cambiado sus horarios y su forma de ocio sin traumas".

Otro problema añadido que todas se plantean es si la falta de un padre afectará a sus hijos, aunque la mayoría no ve tan imprescindible una figura paterna como masculina, y considera suficiente la presencia de hombres a su alrededor. Quizá sea un reducto de inseguridad que más de la mitad, el 55,5%, hubiera preferido tener una niña. El 1,3% quería un niño y al resto le daba igual.

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