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Un torero de Sevilla

El Ayuntamiento concede el II Premio Taurino de la ciudad a Curro Romero. El galardón, instituido el pasado año, fue entregado en su primera edición al maestro Pepe Luis Vázquez

el 03 jul 2014 / 22:48 h.

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curroCurro Romero, el Faraón de Camas, ha sucedido al maestro Pepe Luis Vázquez en la nómina del premio taurino instituido por el Ayuntamiento de Sevilla, que suma su segunda edición. Esta distinción fue fallada el pasado miércoles por el jurado de periodistas, aficionados y profesionales reunidos al efecto bajo la presidencia de Gregorio Serrano, concejal delegado de Fiestas Mayores. El galardón fue creado el pasado año y tal y como apunta Serrano está destinado «a reconocer los méritos extraordinarios de un profesional en las diferentes actividades de la tauromaquia o de una persona o institución que haya destacado por su labor a favor de la difusión de los valores culturales de la Fiesta de los Toros». Así lo recogen las bases oficiales de este premio, que de alguna manera invoca el acuerdo del pleno municipal del 30 de marzo de 2012 en el que se declaraba la Tauromaquia como «Patrimonio Inmaterial de la Ciudad». La consecución de este reconocimiento se viene a sumar a la larga lista de honores que ha ido cosechando el diestro camero desde su retirada del toreo, en octubre del año 2000. Romero, que goza en vida de la escultura en bronce de Sebastián Santos que recuerda su particular empaque junto a la plaza de la Maestranza, se ha convertido en uno de los referentes inexcusables del tronco torero sevillano. Su larga vida taurina se vio recompensada, entre otras distinciones, con su nombramiento como académico de la Real de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla. Hay que retroceder en el tiempo para evocar la larguísima y zigzageante carrera del torero camero, que debutó en público –el día 25 harán 60 años justos– en la desaparecida plaza de La Pañoleta por la que hoy pasa uno de los viaductos de la autopista de Huelva. Su debut en Sevilla llegaría en el 57, sustituyendo al anunciado Mondeño. Dos años después, el 18 de marzo de 1959, Curro Romero hacía el paseíllo en la plaza de Valencia entre el recio diestro toledano Gregorio Sánchez, su padrino, y el valiente ecijano Jaime Ostos. Pocos datos arroja para la historia aquella corrida fallera que transcurrió sin pena ni gloria para el camero. Pocas semanas después estaba anunciado en la Feria de Abril obteniendo un resonante éxito después de haber sido espectacularmente cogido en el primer tercio de la lidia. Empezaba su historia como matador pero, ojo, también era el comienzo de la gerencia de Diodoro Canorea, que marcaría toda la carrera del camero Esa tarde abrileña se confirmaba el larguísimo romance sevillano. Curro ya no faltaría a la feria de Sevilla –convirtiendo en acontecimiento la corrida de Resurrección– hasta el año de su despedida. Era el comienzo de una relación de amor y odio, de cimas y simas que viajó entre el tormento y el éxtasis mucho antes de que Curro –que siempre gozó de buenos y fieles partidarios– se convirtiera en un personaje más allá del ámbito taurino. Su retirada llegó, por sorpresa, después de torear un festival en La Algaba el 22 de octubre de 2000.

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