Local

Un traje nuevo para mi corazón

Un amigo común nos presentó por correo electrónico. Intercambiamos un par de mensajes, quedamos en enviarnos nuestros libros, conocernos si yo visitaba Zaragoza o en alguno de sus conciertos en Madrid. No cumplimos lo prometido.

el 15 sep 2009 / 07:45 h.

Un amigo común nos presentó por correo electrónico. Intercambiamos un par de mensajes, quedamos en enviarnos nuestros libros, conocernos si yo visitaba Zaragoza o en alguno de sus conciertos en Madrid. No cumplimos lo prometido. En aquellos e-mails, Sergio Algora me pareció un tipo agradable, con el sentido del humor tan peculiar que auguraban sus letras y poemas. Nos olvidamos, pero yo continué escuchando sus discos, leyendo sus libros, sintiéndolo cercano. Vi en directo a La Costa Brava algunas veces; siempre me venció la timidez. El miércoles, con 39, Algora falleció.

¿Cómo nos afecta la muerte de alguien a quien sólo conocimos de pasada? Ese amigo común me envía un sms, yo selecciono Circo luso. Escucho; duele. Enumero, en la bandeja de entrada, mi relación con Sergio Algora: cinco mensajes de cada uno. Sin embargo, creo que en situaciones así la música y la literatura acortan distancias: al trasladarme a Madrid viajaron conmigo los discos de El Niño Gusano, de La Costa Brava, los poemarios que había conseguido tras rastrear en catálogos minúsculos, los relatos de A los hombres de buena voluntad. Al parecer deja otro inédito, No tengo el placer, que también publicará Xordica; quizá la mitomanía empuje a descubrirle, a reeditarle.

Su muerte nos zarandea como la de un chico del barrio, que recordamos de la frutería o el parque, o un primo de los de tercer rango. Nos impresiona por su juventud -aún no había cumplido 40 años-, y nos llena de rabia porque ese gran público que suena a hipótesis inamovible, pero que existe, se perdió a un genio en continua racha creativa de altura. Sus textos -para cantar o leer- exhibían un imaginario intenso y propio, un surrealismo más de vida diferente que de manual. En Pon tu mente al sol, uno de los himnos que nos regaló con El Niño Gusano, afirmaba: "Ya tengo listo un traje nuevo para mi corazón". Quizá falló el modelo, quizá la talla. "El más triste final de un cuento?", cantaban en El rey ha muerto. Algora ha muerto: viva Algora.

  • 1