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Un verano con emociones fuertes

el 07 ago 2011 / 19:13 h.

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Mejor en el agua que bajo la sombrilla.

Casi nunca, en las nómina de destinos costeros del sevillano medio, se incluye Tarifa . En Huelva nadie pasa por alto Matalascañas, Punta Umbría e Isla Cristina. Chipiona, Sanlúcar y El Puerto en Cádiz se dan por sentado. Pero de la ciudad del estrecho, cuando se quieren dar excusas para no acudir, estas siempre pasan por el recurso a la lejanía, al viento y a que es para windsurfistas. Así, en forma de imperativo legal: ‘Es sólo para quienes se pasan el verano en una tabla', no un lugar para clavar la sombrilla y ver la vida pasar.

Sin embargo, en Tarifa hay secretos que ni el bañador ni la toalla pueden revelar. A 14 kilómetros de Marruecos, la ciudad despliega durante el día una doble cara, la de la orilla cosmopolita y a la que acuden deportistas de toda Europa y la del pueblo blanco, con casas encaladas, calles empinadas, puestos tradicionales y un ritmo de vida apaciguado que no rompe ni el trasiego del estío ni el zamarreo del viento. Pero más allá del espectáculo diario que ofrecen en la playa las cometas, los surferos, los parapentes y los cada vez más numerosos practicantes del kite-surf, la localidad reserva otros espacios para la aventura.

Es el caso de la denominada Isla de Tarifa, un lugar privilegiado para tener unas vistas del Estrecho. Se trata de un considerable montículo de tierra adentrado en el mar y unido por un brazo artificial. Si la climatología lo permite, transitar por él le hará experimentar algo parecido a caminar sobre las aguas. Pero si prefiere estar dentro de ellas la Ensenada de Bolonia puede erigirse en su Caribe gaditano particular. A resguardo entre dunas esta inmensa playa muy poco transitada incluso en esta época pasa desapercibida entre las de Bolonia propiamente y la más urbana y tradicional de Tarifa.

Si el Levante -que, según un dicho popular, aquí manda más que el alcalde- así lo estima oportuno podrá embarcar en una excursión para contemplar alguna de las siete especies de cetáceos que transitan el Estrecho a lo largo del año. Delfines, calderones y, de vez en cuando, alguna ballena, se dejan ver con frecuencia y pueden admirarse en completa libertad. Aunque su fama la une casi indisociablemente al verano, Tarifa puede disfrutarse tanto o más en invierno a poco que le gusten los paisajes tormentosos.

Hay quienes la han llegado a comparar con Castle Rock, escenario de buena parte de los libros del escritor de novelas de horror Stephen King. Algo de la ciudad norteamericana hay en esta villa gaditana cuando los temporales la azotan, el viento ruge entre las calles y la postal se contempla desde alguna ventana. Pero para eso queda bastante. Mejor, por ahora, hundir los pies en la arena de Los Lances y hacer un alto en cualquiera de los muy hawaianos chiringuitos que alberga esta playa. En ellos el té moruno con hierbabuena -cien por cien marroquí- le harán sentirse gozoso sabiéndose en el extremo más meridional y paradisiaco de Europa.

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