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Un viaje milagroso

"Hay enfermedades que no se ven", arranca a decir el padre Carlos Coloma, que está al frente de una peregrinación que organiza la Hospitalidad Diocesana de Sevilla-Lourdes lejos del tópico de los milagros y tan sólo en busca de unos días de tranquilidad.

el 15 sep 2009 / 06:21 h.

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"Hay enfermedades que no se ven", arranca a decir el padre Carlos Coloma, que está al frente de una peregrinación que organiza la Hospitalidad Diocesana de Sevilla-Lourdes lejos del tópico de los milagros y tan sólo en busca de unos días de tranquilidad.

Éste es el verdadero objetivo de 500 sevillanos que se embarcan en un viaje con destino a Lourdes el próximo 27 de junio. Lo organiza la Hospitalidad Diocesana Sevilla-Lourdes, una asociación religiosa dependiente de la Diócesis hispalense. Sólo hay otra de su tipología en Granada. Entre sus actividades destaca este viaje con motivo del 150 aniversario de las apariciones en la ciudad francesa de Lourdes, en el corazón de Los Pirineos.

Algunos llevan más de diez ediciones repitiendo. Para el párroco de la iglesia de Nueva Sevilla en Castilleja de la Cuesta, Carlos Coloma, el viaje supone toda una lección de humildad.

Carlos está a un lado del corro que se ha creado para poder hablar con tranquilidad y cercanía. Manoli, una de las peregrinas, se suma a la conversación dejándose llevar por la experiencia y las sensaciones vividas.

Ella cree que cada año se aprenden cosas nuevas. "Es muy importante escuchar los testimonios de los peregrinos". Según Manoli, cuando alguien va por primera vez no sabe muy bien a qué, pero poco a poco descubre el buen ambiente. "Si vas baja de ánimo, allí te das cuenta de que eres millonaria sin tener nada". Para esta vecina de Castilleja, ayudar a los enfermos durante la peregrinación es lo que más le ha aportado a su vida.

"Ahora por mis problemas de salud, no puedo ayudar a meterlos en los baños, pero para mí es algo que no puedo explicar". Cuando Manoli casi no ha terminado su frase, una de las peregrinas recuerda que en Lourdes abunda el agua e irrumpe con gracia haciendo una comparación entre la peregrinación a esta localidad francesa y la romería onubense del Rocío: "Allí hay mucho vino, pero en Lourdes sólo hay agua".

Al acabar, provoca la risa de todos. Su nombre es Carmen y lleva diez años realizando el viaje. Y ya cuenta los días que faltan para hacer uno nuevo. Tiene 61 y lleva 20 sin ver el mundo por sus propios ojos. Vive con su prima de 59 años, quien la acompaña en todo momento y cuida de ella. A cambio, Carmen le aporta una alegría inusitada en su forma de enfrentarse al mundo.

No hace falta que reconozca que la ilusión por regresar en unas semanas a Lourdes la desborda, aunque ahora sólo tiene un objetivo más importante: que su prima (con un pie enyesado) pueda acompañarla, porque si no es así, ella "se queda en tierra". Su prima hace todo tipo de dulces y mantiene a todo el autobús alimentado no sólo durante el viaje, sino también durante los días que dura la peregrinación.

Carmen comparte con ella su habitación en el hotel, aunque añade con ímpetu que "allí no se duerme mucho, porque la convivencia es algo fundamental", y que aunque siempre está muy cansada no se pierde ni uno de los actos.

Algo que Carmen y el resto de sus compañeros recuerdan del pasado año con especial cariño es la parada que hicieron durante el regreso a Sevilla en Aranjuez. Allí conocieron la vida real de cuatro de los peregrinos, cuando dijeron que realmente eran presos, que bajo un permiso penitenciario, habían entablado amistad con toda la comunidad. Belén, otra de las integrantes, recuerda en voz alta el momento en el que todos se sorprendieron al descubrir la verdadera identidad de aquellos compañeros de viaje. Con sus palabras hace que todos revivan algo parecido. "Eso es Lourdes, por eso voy" suspiró Carmen una vez más.

De nuevo en el autobús de vuelta, ninguno de ellos duda de la esencia de Lourdes, porque el milagro de la alegría se ha vuelto a producir.

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