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Economía

Una alternativa muy solidaria

La crisis económica hizo florecer un movimiento económico alternativo cada vez más popular.

el 01 dic 2014 / 11:00 h.

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Las empresas adscritas al movimiento de la Economía Solidaria son, en su mayoría, cooperativas de trabajo. / Gregorio Barrera Las empresas adscritas al movimiento de la Economía Solidaria son, en su mayoría, cooperativas de trabajo. / Gregorio Barrera Dice el nicho de las expresiones populares que No hay mal que por bien no venga y aunque la crisis que está convulsionando la economía española desde hace más de seis años ha sumido en el drama a millones de ciudadanos españoles, también se ha convertido en la excusa perfecta para la reflexión y la reinvención de nuevos modelos productivos en pro de un sistema económico «que debe ser instrumento al servicio de la sostenibilidad en todas sus facetas». Zaragoza acogió, desde el jueves y hasta el pasado sábado, la celebración del primer Congreso Internacional de Economía Social y Solidaria, una cita que reunió a más de medio millar de personas que debatieron sobre un modelo económico que comenzó a tomar fuerza a partir de la eclosión del movimiento del 15M, aunque sus inicios en España se remontan a 1995. Innovación en consumo, ahorro solidario, desarrollo desde la ecología o consolidación del tejido productivo social fueron sólo algunos de los temas que se trataron en la primera edición de esta cita internacional. Pero, ¿de qué trata ese modelo económico basado en la solidaridad? «Para nosotros, la economía es un medio –no un fin– al servicio del desarrollo personal y comunitario, que propone a las propias personas como el centro de la actividad económica y que apuesta por el medio ambiente», afirmó a El Correo de Andalucía el responsable de la Secretaría técnica de la Red de Redes de Economía Alternativa y Solidaria (REAS), Carlos Ruiz. La equidad, el trabajo, la sostenibilidad ambiental, la cooperación, la ausencia de fines lucrativos y el compromiso con el entorno son los seis principios bajo los que se acoge un modelo alternativo que entronca con el del Bien Común, auspiciado por el economista austríaco Christian Felber. Esta visión solidaria de la economía justifica su existencia en los datos «alarmantes» que vienen a indicar la creciente desigualdad a la que se enfrenta la sociedad española. De hecho, «en nuestro país, veinte personas tienen el mismo poder adquisitivo que catorce millones de ciudadanos», dijo el responsable de la Secretaría técnica. Una diferencia abismal que explica el crecimiento del número de entidades empresariales adscritas al movimiento –346 en toda España, 26 de ellas en Andalucía–. Las empresas solidarias han visto crecer su facturación un 24,3 por ciento desde el año 2008 –en total, 260.000 millones de euros– y han aumentado sus contrataciones más de un 80 por ciento. El movimiento económico solidario no es ya cuestión de sectores minoritarios ni alternativos. Banca o finanzas, energías renovables, seguros, alimentación o construcción son sólo algunos de los sectores en los que la economía solidaria cuenta con representación.   CASOS REALES Y es que el desarrollo de este modelo económico está en alza. De hecho, Andalucía se ha consolidado como una de las comunidades en las que más empresas adscritas al movimiento están floreciendo. Agencia con Sentido Común, formada por un grupo de periodistas especializados en ofrecer servicios de comunicación a entidades y colectivos sociales; Santa Cleta, un centro integral de ciclismo urbano, o Desmontando a la Pili, especializada en la educación sexual, son sólo tres ejemplos de entidades andaluzas –de Sevilla, concretamente– que han hecho de la economía solidaria su principal bandera insigne, en la que «las bases éticas» son pilares sobre los que sustentar sus actividades. Los principios sostenibles –que también rigen este nuevo modelo económico– o la búsqueda de fines sociales en las actividades emprendidas son también algunos de los motivos por los que entidades andaluzas –en su mayoría bajo la fórmula de cooperativas– se han adherido al sistema, que aunque parece novedoso cuenta con una larguísima trayectoria internacional. «Nuestros servicios, como es obvio, tienen unos precios, pero no buscamos la maximización de los beneficios. Los objetivos que perseguimos son otros: obtener un salario digno, pero buscando siempre el bien común y los beneficios generales a la sociedad».

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