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Una ayuda 'como caída del cielo'

"Esta ayuda ha sido como un regalo de Dios porque quienes cuidamos a un familiar que depende al cien por cien de nosotros llevamos una vida muy muy dura", dice Antonia Saavedra, madre de Joaquina, una joven de 23 años que padece desde su nacimiento de un retraso psicomotor profundo.

el 14 sep 2009 / 20:16 h.

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"Esta ayuda ha sido como un regalo de Dios porque quienes cuidamos a un familiar que depende al cien por cien de nosotros llevamos una vida muy muy dura", dice Antonia Saavedra, madre de Joaquina, una joven de 23 años que padece desde su nacimiento de un retraso psicomotor profundo. Antonia vive en casa con su marido, que está jubilado por sufrir esquizofrenia.

La familia ingresará 390 mensuales debido a la gran dependencia reconocida por la nueva ley. "Hasta ahora hemos tenido que tirar para delante con lo que yo podía trabajar, la pensión de 55.000 pesetas de mi marido y las 60.000 de la invalidez de Joaquina", explica Antonia, con una vitalidad que esconde la dura realidad de la vida de la familia.

Antonia, que a sus 41 años ya es abuela, tuvo a su primer hijo en 1982, hoy un joven de 25 años, independizado y con tres hijos. Pero todo cambió cuatro años después, cuando nació Joaquina. "Tuve una bajada de tensión fuerte durante el embarazo y eso le produjo a ella unos daños irreversibles. Cuando nació no lo sabíamos, luego ya era irreversible", dice Antonia, que desde entonces, lleva 21 años siendo los ojos y los brazos de su hija. "Su vida es mi vida -asegura- por eso no tuve más hijos, porque supe que mi destino era dedicarme en cuerpo y alma a ella".

La infancia de Joaquina fue muy difícil. "Estuvo yendo a un centro para personas con discapacidad severa hasta que hace cinco o seis años que la saqué de allí porque yo la quiero siempre en mi casa. Joaquina se pone malita mucho, no se la puede dejar sola porque es como un bebé y se mete todo lo que pilla en la boca y a veces se hace daño. Me la traje a casa porque lo que tenga que pasarle que le pasé aquí, conmigo", dice Antonia.

"Yo puedo con esto porque tengo en mi corazón a mi Dios y me lo echo todo a la espalda", afirma, aunque reconoce que su vida no es fácil de aguantar. "Sólo pienso en que si Dios me ha dado esto es porque puedo soportarlo, y luego miro a Joaquina y sé que yo lo soy todo para ella, mi niña, y aunque esto no hay dinero que lo pague, más vale esta ayuda que nada, porque al menos hay alguien que se acuerda de nosotros".

Con ese dinero, Antonia espera poder ir adaptando la casa a las necesidades de Joaquina. De momento, una cama llena de almohadas preside el salón y cada día ella y su marido tienen que llevarla a la ducha, acostarla, darle de comer... "Es como una niña que siempre tuviera tres meses", dice Antonia.

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