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Una bienvenida para los Ángeles

Con la candelería encendida y con una lluvia de flores, la Virgen de los Ángeles salió al sol de Sevilla tras dos años quedándose a las puertas de su capilla. Era la bienvenida que se merecía. Su Cristo, el de la Fundación, también la tuvo. Una multitud los recibió a su salida, los acompañó durante buena parte del recorrido y los esperó a su entrada. Había mucha emoción contenida.

el 16 sep 2009 / 01:09 h.

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Daniel, Jorge y Pablo aguardaban ayer la salida de Los Negritos para unirse al cortejo. "Aunque no somos negros sino mulatos", aclaraba Pablo, de cinco años. Sus hermanos pequeños son mellizos y era la primera vez que salían de nazareno. Son hijos de sevillana y cubano y hermanos de Los Negritos desde que nacieron. "Es tradición familiar desde hace cincuenta años", apuntaba la madre de los pequeños, Charo Castizo. Tanto que su hermano hizo la comunión vestido con la túnica blanca y el escapulario azul de la hermandad. "Fue el único en hacerla así", explica Joaquín, el patriarca de la familia.

En cuanto la cruz de guía hizo su salida, los tres niños se unieron a ese cortejo que llevaba dos años sin pisar el asfalto sevillano. La tensión y la emoción se notaba en los que, desde muy temprano, se habían ido a las puertas de la capilla de Los Ángeles. A las 12 de la mañana había llegado María de los Ángeles Delgado. Su lugar en la primera fila la delataba. Quedaban unos minutos para ver al Cristo de la Fundación. Con la sobriedad y elegancia que lo caracteriza y seguido de la música de capilla, el paso de caoba del crucificado hizo su salida justo cuando el sol brillaba con más intensidad en Recaredo. Con el leve paso de los costaleros, fue a saludar a su vecina, San Roque, y con chicotás cortitas se alejó de su parroquia.

Otra Ángeles aguardaba con su familia y su marido, Antonio Castellanos, a las puertas por donde en unos minutos pasaría la Virgen. Venían desde Montequinto aunque se criaron en el barrio. "Yo nací donde está el colegio Santo Tomás de Aquino, en un soberao de un taller de bicis", explicaba Ángeles.

Sentada en una silla de madera, porque no podía estar de pie, mucho tiempo, esta mujer relataba emocionada: "Salía de nazarena hasta hace tres años, cuando tuve un accidente de tráfico". También su marido, en silla de ruedas, tenía su historia: " Viene con las secuelas de un infarto cerebral que le dio hace cinco meses; pero los dos queríamos ver a nuestra Virgen". Ya van por la cuarta generación de Castellanos hermanos de Los Negritos. Por ello, cuando la Virgen de los Ángeles comenzó a vislumbrarse por el arco de la capilla, Antonio y Ángeles, sacando fuerzas de donde no las hay, se levantaron de sus sillas y ni ellos, ni sus hijos ni nietos lograron reprimir las lágrimas ni los aplausos: "¡Bienvenida, madre!".

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