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Una bodeguita tradicional en el Arenal

Balcón a la vida de la calle Arfe, tan centro y tan barrio.

el 21 dic 2012 / 10:25 h.

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José Julio Roldán lleva detrás de la barra de este tradicional establecimiento desde 1975.

Desde los ojos abiertos en un capirote de tela negra, dejo el Arco atrás, buscando la puerta del Baratillo, la capa de merino marfil empieza a taparme del escalofrío de una marcha frente a la Piedad, de una brisa que empieza a llegar, noche cerrada, desde el puente de Triana, por donde se mete el mar que une, no separa, los barrios de cada orilla. De reojo miro, llena de gente, la bodeguita que está allí desde siempre, serrín en el suelo, madera en las botas del vino que viene por la Pañoleta, tiza en el mostrador. El 22 de abril de 1963 dicen los papeles que abrió con la propiedad actual, pero aquello ya sería taberna desde que Cervantes inventara a dos pícaros que se buscaban la vida entre fardos que iban para las Indias, en oscuras trastiendas de viejos patios con olor a salitre. Allí está detrás de la barra José Julio Roldán desde 1975. Ya no está el expositor de puritos, no dejan vender tabaco suelto, tampoco aquellas tapas de alcachofitas o de huevo con mayonesa, tampoco se puede, todo por nuestra salud, vaya por Dios. Las puertas de la bodeguita son amplias, se mete la calle por ellas, con dos mesas altas en la puerta para no renunciar al pitillo con la caña, y que buenas cañas, aquí se tira la Cruzcampo como Dios manda, fría, en vaso de caña no demasiado fino que sacan de la nevera, con su buen dedo de espuma, sin mucho ácido, ligera, acompañada por unos altramuces cortesía de la casa.

Por las paredes cuelgan fotos cofrades, con una imponente Esperanza de Triana, un cuadro dedicado por la Hermandad del Baratillo, del barrio, y, por supuesto, la Virgen de los Reyes, en azulejos, calendarios taurinos, lotería, cupones y, empapelando el pilar forrado de madera de la barra, las tapas. El suelo pide serrín, en una esquina, el urinario, de esos en que se cabe lo justo para descargar y seguir trasegando la rubia malteada. Tras la barra, viejas barricas de madera con vinos del Condado y del Aljarafe, y la arroba de mosto nuevo de Bodegas F. Salado, con su tubo de goma para despacharlo.

Montaditos y conservas han ampliado la nómina de tapas, los primeros, de pan de buen tamaño, son variados, con el liderato absoluto de la melva con pimiento morrón, buen tronco de melva de Barbate, pero también podemos probar el de pringá, el serrano con carne mechada, el de queso viejo y anchoas, el de mechada con roque, el de queso fresco con salmón y otros. En cuanto a las conservas, berberechos y mejillones, de estos últimos probamos unos en escabeche de buen tamaño, fresquitos y carnosos.

Y tras los inciensos, en primavera, la calle se vuelve callejón de la Maestranza, y se siente el toro y la cal hace fondo de tertulias de cigarro gordo y vaso en la mano, y pasan señoras de buen ver y señores de habano y almohadillas rojigualdas, y vuelve el romero, aunque sea en la añoranza.

La Bodeguita Virgen de los Reyes es una isla de autenticidad en un mar de gin tonics, la copa balón que se está comiendo la calle, que se ha llevado por delante a otra bodeguita histórica vecina, Los Príncipes, que llena la calle de esa botellona pija de patillas y trajes de la hora feliz de los jueves y viernes, el signo de los tiempos.

La ficha

Propietario: Juan Luis Pérez Galán.Dirección: C/Arfe, 9. 41001 Sevilla.

Horario: 09:00 a 24:00.

Caña de cerveza: 1,20 euros

Tapas y montaditos: 2,50 euros 

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