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Una brújula para los demócratas. Casas Viejas, 75 años después

El viernes, a pocas horas de que el Parlamento andaluz echara el cierre temporal con un homenaje a Alfonso Perales, se conmemoraba el 75 aniversario de la matanza de Casas Viejas, en Cádiz.

el 14 sep 2009 / 22:36 h.

El viernes, a pocas horas de que el Parlamento andaluz echara el cierre temporal con un homenaje a Alfonso Perales, se conmemoraba el 75 aniversario de la matanza de Casas Viejas, en Cádiz. Ambos hechos no tendrían demasiada relación si no fuese por la clara huella que aquel suceso dejó en varios jóvenes sesenteros entre quienes se contó el malogrado diputado.

A 11 de enero de 1933, los habitantes de la actual Benalup, se sumaron a una huelga general que la CNT ya había desconvocado. Aislados del resto del país, proclamaron el comunismo libertario e intentaron asaltar el cuartel de la Guardia Civil, hiriendo de muerte a un sargento. Pocas horas después, efectivos de este cuerpo y de la Guardia de Asalto tomaron la aldea del crimen -así la llamó Ramón J. Sender- y arrasaron el local del sindicato: nueve personas se refugiaron en la choza de Francisco Cruz Gutiérrez, Seisdedos, hasta que las fuerzas de orden la incendiaron, matando a sus ocupantes, a excepción del niño Manuel García Franca y la joven, María Silva Cruz, La Libertaria. Al día siguiente, de postre, otros doce hombres fueron ejecutados allí mismo.

El caso, denunciado por periodistas como Eduardo Guzmán pero utilizado por la derecha, precipitó la caída del gobierno de Azaña y anticipó el baño de sangre que, tres años más tarde, arrastraría a todo el país y causaría la muerte de la propia María Silva, secuestrada y asesinada en julio de 1936 y cuyo perfil acaba de recrear con rigor el historiador José Luis Gutiérrez Molina: en julio de 2007, su hijo Juan Pérez Silva y la Asociación Andaluza Memoria Histórica y Justicia cursaron una denuncia ante la Audiencia Nacional que reclamaba luz y taquígrafos sobre la suerte de su madre y de otras 57 desapariciones acaecidas en Sevilla y Huelva. Quizá se trate de uno de los primeros casos a los que tenga que dar respuesta la Ley de Memoria Histórica.

El recuerdo de aquella tragedia no sólo es importante para la CNT o para la CGT, que reclama la conservación del solar donde se levantó la choza en llamas así como el mayor pluralismo posible en la Fundación creada por la Diputación de Cádiz. Casas Viejas es una brújula para todos los demócratas. Para que nunca más las razones de Estado justifiquen el terror. Ni para que vuelva a existir un grado de miseria y aislamiento como el que sufrieron a aquellos anarquistas andaluces que, en su juventud, inspiraron a un puñado de jóvenes socialistas gaditanos. Es posible que, por el paso del tiempo, algunos de ellos ya los hayan olvidado; pero el resto de Andalucía no tiene por qué hacer lo mismo.

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