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Una buena Feria empañada por el crimen del joven de Gines

Como todas esas historias repletas de claroscuros, el relato de la Feria que acabamos de despedir contiene numerosos elementos positivos que ilustran del apasionamiento y cariño con que los sevillanos disfrutan de sus grandes fiestas, pero también algunos episodios reprobables, entre ellos uno de un cariz tan trágico como es el de la muerte de un joven de 19 años a quien un desaprensivo le clavó una puñalada en el corazón.

el 16 sep 2009 / 02:11 h.

Como todas esas historias repletas de claroscuros, el relato de la Feria que acabamos de despedir contiene numerosos elementos positivos que ilustran del apasionamiento y cariño con que los sevillanos disfrutan de sus grandes fiestas, pero también algunos episodios reprobables, entre ellos uno de un cariz tan trágico como es el de la muerte de un joven de 19 años a quien un desaprensivo le clavó una puñalada en el corazón.

Por empezar por lo positivo: después de tantos malos augurios ligados a la crisis, hay que convenir en que muchos ciudadanos han hecho un paréntesis en sus preocupaciones para acercarse al real. Se ha hablado tanto sobre los estragos que iba a provocar el deterioro de la situación económica que incluso se había instalado la sensación de que ésta iba a ser una feria un tanto atípica. Pues bien, aún pendientes de conocer los datos sobre los hoteles y las cifras (más o menos aproximadas) de ventas, lo cierto es que no se ha notado en exceso el bajón.

Ya sea por el buen tiempo -no ha caído una gota de agua en los días de farolillos y el punto de calor no ha sido atosigante-o por el simple ánimo de disfrutar, el hecho constatable es que Sevilla despidió anoche una de las ferias con mayor presencia de público de los últimos años, en especial en los primeros días.

A ello han contribuido tres factores con los que se no contó en ediciones pretéritas: la coincidencia de la fiesta del uno de mayo con la semana de Feria, la decisión municipal de situar una de sus fiestas locales el martes y, por último, la puesta en escena de la línea 1 del Metro.

Sobre las jornadas de fiesta, sólo cabe reseñar el acierto de fijar un día festivo para que los sevillanos disfruten de la Feria, algo que muchos echaban en falta y que, en esta ocasión, ha permitido que los picos de afluencia al real se hayan extendido a lo largo de la semana.

En cuanto al Metro, se ha erigido como una alternativa idónea para acceder al recinto de Los Remedios, pero tampoco es una panacea. Es verdad que se ha convertido en el medio de transporte por excelencia para quienes cuentan con la suerte de tener una parada cerca de sus domicilios, pero su utilización ha certificado la necesidad de dotar de más trenes y más vagones una línea que corre el peligro de morir de éxito si no consigue atender la demanda ciudadana. Ha habido más incidencias de las previsibles y demasiadas colas en algunas estaciones.

En cuanto a los aspectos más negativos, todo se relativiza tras la muerte del joven de Gines en la madrugada del viernes, un episodio puntual que, sin embargo, genera inquietud a unos ciudadanos que ven que las noches de Feria se convierten en un territorio demasiado expuesto a las reyertas.

Conviene no ligar sucesos tan desgraciados con el acontecer cotidano de una fiesta que mueve a diario a cientos de miles de personas. Pero, dicho esto, tampoco se puede mirar a otro lado o dar una sensación de pasividad cuando se producen situaciones de deterioro de la convivencia ciudadana que pueden terminar en algo peor.

Ha ocurrido en la madrugada del Jueves al Viernes Santo, donde grupos de gamberros han intentado este año reeditar las escenas de pánico colectivo que se vivieron en la Semana Santa de 2000, y está sucediendo, pero por motivos distintos, en los aledaños de la Portada de la Feria. Allí, a partir de la medianoche, se han concentrado miles de jóvenes en inmensas botellonas que han transformado este espacio en un estercolero de bolsas y botellas rotas que dice bien poco de la educación de quienes participan de este jolgorio.

La propia delegada de Fiestas Mayores, Rosamar Prieto-Castro, apuntaba a mediados de la pasada semana que lo que más le preocupaba con el paso de los días era la celebración de las botellonas en la Portada, pero que no se podía hacer nada. Tenía razón en lo que decía, pues si se prohíbe esta práctica, por el mismo criterio y para evitar agravios comparativos habría que impedir que alguien sacase una copa de vino de una caseta, algo impensable se mire por donde se mire. Pero el que haya pocos resquicios legales para atajar estas conductas no puede conducir a la inacción. Para próximas ediciones el Ayuntamiento tiene que azuzar la imaginación y buscar fórmulas que acoten la posibilidad de que se celebren estas concentraciones. Y no por razones estéticas, sino por una simple cuestión de seguridad pública.

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