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Una carrera bien construida

Ni sus padres ni sus hermanos fueron aparejadores. Tampoco sus hijos han seguido su ejemplo. Ellos sentaron precedentes en sus familias y fueron los pioneros de la arquitectura técnica en Sevilla. (Foto: Raúl Díaz)

el 15 sep 2009 / 05:32 h.

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Ni sus padres ni sus hermanos fueron aparejadores. Tampoco sus hijos han seguido su ejemplo. Ellos sentaron precedentes en sus familias y fueron los pioneros de la arquitectura técnica en Sevilla. Sobrepasan las siete décadas de vida y más de la mitad de ella la han dedicado a su "apasionante" profesión. Ayer, el Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Sevilla les rindió un homenaje en el restaurante La Raza imponiéndoles la insignia de los 50 años de colegiados. "Porque gracias al trabajo que desempeñaron, hoy somos lo que somos en la profesión".

El presidente del Colegio, José Antonio Solís, lo tenía claro cuando impuso la pequeña insignia de oro y brillantes en la solapa de los homenajeados: "Ellos han construido buena parte de la Sevilla que conocemos hoy". Y es que detrás de plazas como las de la Gavidia o el Duque, parques como el de los Príncipes o Amate, o barriadas como Santa Cecilia se encuentran sus nombres y apellidos. Se trata de Manuel del Estad, Félix Gómez y José Lupiáñez.

Ellos forman parte del reducido club de aparejadores con más de 50 años en el Colegio. Sólo poco más de una decena alcanzan esta cifra en Sevilla, por ello, los tres lucían con orgullo el símbolo -compás, escuadra y plomada con corona- de la que durante medio siglo ha sido su casa profesional. Tuvieron que estudiar fuera, en Madrid y Barcelona, porque en Sevilla aún no estaba creada la carrera. Pero se vinieron a trabajar a su tierra. Aunque hace ya algunos años que se jubilaron, le siguen teniendo "apego a la profesión, porque hemos crecido profesional y personalmente con ella", explicaba emocionado José Lupiáñez.

Este aparejador de 75 años ha colaborado en la construcción de 19 plazas de la ciudad y de varios parques, primero desde la Delegación municipal de Urbanismo y posteriormente desde la de Parques y Jardines. "Aunque algunas de las obras que hicimos no han sufrido transformaciones, en otras se han realizado intervenciones que se podrían haber hecho de otra forma, pero claro, los gustos y las modas van cambiando", resaltó Lupiáñez. A pesar de ello, cree, como todos sus compañeros, que la "profesión ha mejorado, porque ahora se le reconoce al aparejador el trabajo que lleva años desempeñando".

Manuel del Estad, otro de los premiados, compartía esta declaración mientras resaltaba algunas de las obras que realizó durante su etapa en activo: el Auditorio de la Cartuja, el Hotel Fleming o la barriada Santa Cecilia. Las palabras de Félix Gómez, iban en otra dirección. No resaltaba sus obras sino, por el contrario, lo que hizo cuando abandonó la práctica profesional de la arquitectura técnica: montar una galería de arte. "Pasamos una mala época con hasta cinco suspensiones de pago y decidí montar mi galería, que era algo que siempre había soñado. Ahora tengo dos", explicaba este hombre de 73 años.

El futuro lo ven claro: "Los aparejadores tienen un gran abanico de posibilidades profesionales". La eterna polémica con los arquitectos la ven "absurda, cada uno tiene unas tareas cada vez más diferenciadas". Ahora, indicaban, "nos toca descansar".

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