Local

Una cervecería de los años treinta

El Betis ganaba la Liga, España era una república y la Cruzcampo dejaba el vaso marcado de espuma.

el 06 sep 2012 / 20:25 h.

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La cerveza y un plato de aceitunas, el aperitivo más sevillano no falta en la barra de Casa Vizcaíno.

Cuántas veces nos quejamos, y digo nos pero saben los pocos que me leen que soy yo el que se queja, de que Sevilla no cuida sus bares tradicionales, aquí mucho cuento del alfajor de que somos muy clásicos y muy conservadores, de conservar, pero arrasamos con acero inoxidable y escay cuanto café de maderas y mármoles y cuanta tasca de serrín y chochitos se nos han puesto por delante. La marea negra de las pizarras en panavisión para proclamar las tapas de tataky de atún con polvo de quicos no es nada con la marea de barras de acero inoxidable, luces fluorescentes y taburetes de escay tipo barra americana que nos llegó en los años sesenta y setenta, cuando la piqueta hacía estragos y las calles recibían el tsunami del asfalto negro como el alma de un financiero de Standard & Poor's, un poner.

De la quema se libraron pocos, algunos baluartes que mantienen el tipo a base de una parroquia fiel que aprecia el minimalismo de la cerveza fría y tirada decentemente. Ahí tenemos el Tremendo de Santa Catalina, junto a la pobre parroquia que envidiará los millones de la Pelli mientras ella se cae a trozos; el bar Jota, acosado por el demencial ordenamiento de tráfico de La Buhaira y Luis Montoto; La Goleta, ese pequeño reducto de vieja tasca escondido tras el kilómetro cero de la ciudad, y con ellos, entre alguna otra perla perdida por nuestras calles; la Cervecería Casa Vizcaíno, en la plaza de Montesión, antes de Los Carros, donde se oculta detrás de las casas, entre ellas la que ocupa el bar, el antiguo convento de dominicos donde hoy radica, en su pequeña capilla, la hermandad de Monte-Sión.

El local fue primeramente tienda de tejidos, inaugurada en 1929, ya en 1934, cuando por Asturias los mineros andaban revueltillos, nada nuevo bajo el sol, se convierte en negocio de vinos y taberna, y así hasta hoy, permaneciendo el negocio en la misma familia, recordando especialmente a Manuel Vizcaíno, un tabernero de raza, de tiza en la oreja y mandil apretado, que nos dejó en 2006 dejándole el timón desde entonces a su sobrino, Juan Gabriel Begerano Vizcaíno.

Abierto a la plaza, a la calle Feria, con las cristaleras originales del negocio, su variopinta clientela se acomoda entre la barra y la calle. Aquí no hay complicaciones gastronómicas, arvellanitas y altramuces, para acompañar Cruzcampo fría, no hay más historia. Barriles de vinos generosos a granel, de vermouth casero y botellas de aguardientes y brandys para las frías mañanas del invierno.

El jueves Un acontecimiento semanal marca la vida del bar, El Jueves, ese rompeolas de vidas derrotadas que ponen en almoneda el viejo cuarto de casa de mamá, los coches de scalextrics, las llaves del portón de madera, los best sellers de Morris West y Gironella, y, entre ellos, las antigüedades, de casas venidas a menos, de sacristías y conventillos, nos miran, desde abombados óleos llenos de humedad, caras que vivieron quizás en casas bien, de patios de fuentes de mármol y grandes macetas de cintas y aspidistras.

En la puerta, apoyados en las mesas altas, progres, bohemios, turistas, estudiantes, menesterosos, chamarileros, profesionales en busca de la ganga que ya nunca aparece, desde que el profesor Carriazo encontró su bronce. Detrás de la barra, la profesionalidad austera: -¿Qué va a ser? -Dos cervezas y unos altramucitos. Salimos bajo el toldo y encendemos un emboquillado, mirando hacia el puesto de libros de Luis, donde trastean los últimos letraheridos del papel impreso. Damos una bocanada de libertad y apuramos la caña: -Dos más, por favor.

Ficha

  • Propietario: Juan Gabriel Begerano Vizcaíno
  • Dirección: C/ Feria, 27. 41003 SEVILLA.
  • Horario: De 13.00 a 16.00 y 20.30 a 23.30
  • Teléfono: 954 221 119 

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