Cofradías

¿Una crisis cerrada en falso?

El Arzobispado opta por la salida menos traumática para zanjar la crisis abierta en el Consejo: correr el escalafón.

el 31 oct 2012 / 23:14 h.

Adolfo Arenas y Carlos Bourrellier, el presidente que se va y el que llega, en la procesión de la Virgen de los Reyes de 2009.

Lo que no lograron en su día los indignados (aquel grupo de hermano mayores que intentó mover la silla al presidente convocando un pleno extraordinario para someter a referéndum su gestión) lo han terminado consiguiendo unos cuantos consejeros de Penitencia, conformados en un núcleo duro, con sus filtraciones "dolosas y malintencionadas". Hastiado de la deslealtad de algunos de los hombres a los que ha tenido sentados a su misma mesa en los últimos cuatro años, Adolfo Arenas, decidió el pasado lunes entregar en Palacio la cuchara de su dimisión irrevocable, un hecho sin precedentes en los 57 años de historia de la institución y que ha abierto una crisis de consecuencias imprevisibles en el mundo de las cofradías sevillanas. Ni que decir tiene que el inesperado adiós de Arenas ha sido celebrado con alborozo en algunas casas de hermandad. Así de miserable es a veces este mundillo.

Enfrentado a las vergüenzas aireadas por las últimas filtraciones en torno a la elección del pregonero -el desagradable episodio se reduce a una guerra de facciones por imponer a su candidato- y a los enormes disgustos que éstas acarrean en Palacio, el abogado con despacho en la Campana, el exhermano mayor de La Hiniesta, el nieto del ilustre imaginero de la postguerra Castillo Lastrucci decidía cortar por la tremenda su segunda etapa como presidente del Consejo, una aventura en la que probablemente Arenas se vio embarcado más por empuje de sus lugartenientes que por propia convicción personal. Después de cruzar a nado el océano, siempre acechante de peligros, de la elaboración de unos nuevos estatutos para la institución de San Gregorio -proyecto que ha constituido la espina dorsal de su paso por el Consejo-, Arenas ha venido a morir ahogado en la orilla de la nueva tierra prometida que empezaba a divisarse en el horizonte y que normativamente ya establece la confección de listas cerradas para las elecciones al Consejo, un pequeño matiz que hubiera evitado la presencia de consejeros pocos afines al presidente entre los componentes de su junta superior.

Los anunciados intentos del presidente por "democratizar" este año la elección del pregonero, evitando la imposición de un nombre más o menos sindicado previamente por los consejeros de Penitencia, como venía sucediendo en los últimos años, lejos de llamar a la unidad provocaron el efecto contrario entre los consejeros penitenciales de mayor veteranía, que interpretaron la elección del joven Francis Segura como una imposición "a la contra" del que para ellos constituía su candidato predilecto, el abogado Antonio Rodríguez Hidalgo.

No es la primera vez que las filtraciones sobre las deliberaciones en torno a la elección del pregonero ‘obligan' a un cargo general a coger la puerta. El Consejo de Manuel Román también sufrió en sus propias carnes este despiadado juego por el que la prensa morada convierte en trofeo de caza no ya la noticia de la elección del pregonero, cuyo nombramiento de un tiempo a esta parte ha pasado a un discreto segundo plano. Interesa más bien desvelar las interioridades de las votaciones y revelar quién o quiénes son los aspirantes al atril que se quedaron en la carrera. Un pormenorizado relato de la votación que acaba destapando demasiadas vergüenzas (a veces se han puesto encima de la mesa a candidatos ya fallecidos) y cuya filtración no es del agrado de todos los consejeros. Que se lo pregunten si no a Eduardo del Rey Tirado, vicepresidente con Manuel Román, quien decidió abandonar la institución cuando trascendió a la prensa su rechazo al nombramiento de Antonio Burgos como pregonero.

A rey muerto, rey puesto. Minutos después de que el arzobispo Asenjo telefoneara al fin al presidente dimisionario, el Arzobispo hacía público un escueto conunicado informando de lo que ayer le adelantábamos en la edición digital de este periódico, que la dimisión de Arenas era de "carácter irrevocable" y de que, en consecuencia, y según establecen los estatutos del Consejo, corresponde al vicepresidente asumir las competencias del presidente en el gobierno de la institución.

Lejos de adoptar una postura más intervencionista en este sonrojante asunto que ayer saltó a la primera plana de todos los infomativos locales, desde Palacio se ha decidido optar por la salida más razonable, la de correr el escalafón e intentar pasar página cuanto antes en un año que se adivina trascedental para la Iglesia de Sevilla y que tiene en la organización del magno Viacrucis del Año de la Fe uno de sus puntos cardinales.

Carlos Bourrellier, destacado cofrade del Buen Fin a quien le cupo el honor de estar al frente de la hermandad franciscana el año de la coronación canónica de la Virgen de la Palma y que encarnó al rey Melchor en la Cabalgata de Sevilla de 2009, es desde ayer la nueva cabeza visible de la institución que representa a todas las hermandades de Sevilla. El comunicado del Arzobispado exhorta además a "todos los miembros del Consejo a que pongan todo su empeño en el cumplimiento de los fines que tiene encomendada esta institución de la Iglesia en Sevilla", cortando de raíz una posible cascada de nuevas renuncias en solidaridad con el presidente dimisionario. Bourrellier no lo tendrá fácil. La fractura abierta entre los cargos generales y algunos consejeros se sigue acrecentando a medida que pasan las horas. Toca hacer reformas en el grupo y ya se piensa en Francisco Vélez, delegado del Domingo de Ramos, como posible vicepresidente.

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