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Una cuestión más de ciencia que moral

La decisión del presidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama, de eliminar las restricciones impuestas por Bush para el destino de fondos públicos a la investigación con células madre embrionarias constituye una auténtica bocanada de sentido común...

el 15 sep 2009 / 23:49 h.

La decisión del presidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama, de eliminar las restricciones impuestas por Bush para el destino de fondos públicos a la investigación con células madre embrionarias constituye una auténtica bocanada de sentido común para un debate viciado por las consideraciones morales con las que se ha abordado un asunto de índole científica. El nuevo inquilino de la Casa Blanca defendió su decisión alegando en que es falso que haya que establecer una elección entre la ciencia y los valores humanos, pues ambos conceptos "no están reñidos para aliviar el sufrimiento humano". Algunos considerarán que este razonamiento resulta obvio, pero es de suma importancia para luchar contra las ideas preconcebidas que manejan los sectores más conservadores para oponerse a una metodología vital para acelerar los avances en la investigación de enfermedades como el parkinson o el alzhéimer. Es respetable la opinión de quienes se oponen a la investigación con células provenientes de embriones humanos, pero eso no quita para que defendamos con vehemencia los trabajos científicos que permiten la mejora de la calidad de vida de nuestros conciudadanos. En Andalucía tenemos un ejemplo reciente que visualiza perfectamente este modo de pensar: el diagnóstico genético preimplantatorio, que evita la transmisión de enfermedades hereditarias gracias a una técnica de eliminación de embriones afectados y la implantación de embriones sanos en el útero materno. ¿Acaso se destruyen vidas por utilizar una técnica así? ¿O no será lo contrario y lo que en realidad se está haciendo es salvar vidas? Como decía el lunes el propio Obama, "los milagros médicos no ocurren por accidente", sino que necesitan de investigaciones costosas sobre las que hay un consenso casi pleno en la comunidad científica. Oponerse a ellas, como en el caso de las células madre, es desaprovechar una oportunidad para que muchos puedan vivir más y mejor.

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