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Una década en movimiento

Diez años han servido para que Sevilla vuelva a ser una ciudad pensada para los ciudadanos. Un periodo donde el tráfico ha dado paso a un modelo peatonal para el sevillano.

el 11 ene 2011 / 16:21 h.

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El nuevo modelo de ciudad que ha visto la luz durante la primera década del siglo XXI tiene un nexo en común que ha permitido redescubrir una Sevilla distinta pero construida sobre los cimientos de la de siempre.

Un nuevo modelo de urbe, moderna y cosmopolita, en la que las personas, los ciudadanos de a pie, se han convertido en el epicentro de una ciudad pensada por y para cada uno de ellos.

Es la Sevilla de las personas en la que el caos del tráfico privado ha dado lugar a un nuevo modelo de conducción emergido desde la sostenibilidad y con la vista puesta en un futuro en el que el desconcierto circulatorio dé paso a un paisaje urbano tomado por los sevillanos.

Su construcción ha necesitado del esfuerzo de cada uno de los ciudadanos, personas que desde su anonimato han aportado proyectos de futuro, sensibles con el nuevo modelo de Sevilla, y que ahora pueden disfrutar con cada uno de los avances que en materia de movilidad se han puesto en marcha desde el Ayuntamiento de Sevilla.

Unas medidas que, centradas en la reordenación de la circulación y en la limitación de espacios públicos para el tráfico privado, han permitido avanzar hacia una ciudad sostenible, moderna y vanguardista sin necesidad de renunciar a las raíces históricas que la han convertido en un referente.

En este nuevo concepto ha jugado un papel clave la consolidación del modelo de ciudad basado en el uso del transporte público. Un reto cuyo principal objetivo pasaba por la concienciación de los ciudadanos de que ése era el mejor modo para desplazarse por la ciudad de una forma cómoda, rápida y, sobre todo, sostenible.

La ciudad se fue transformando a la vez que se dibujaba sobre ella un paisaje formado por el color verde del carril bici que iba fomentando este transporte entre sus ciudadanos. Más de 100 kilómetros de carril –todavía sigue ampliándose- que se han visto arropados por un servicio público de alquiler de bicicletas del que ya disfrutan más de un millón de usuarios.

Sevilla apostó por la bicicleta y ésta le devolvió su confianza con la organización de varios actos que reafirmaban el concepto de construir una ciudad más limpia y afable, como la organización de la salida de la primera etapa de la Vuelta Ciclista a España disputada el pasado mes de agosto y la celebración de la Velocity 2011, el mayor congreso a nivel mundial de la bicicleta.

Avances que llegaron también de la mano del transporte colectivo: el Metro y el Metrocentro, la primera de las apuestas municipales cuya segunda fase de ampliación hasta la zona de Viapol está a punto de ponerse en marcha.

Dos nuevos modelos de concepción de las comunicaciones que ofrecían a los ciudadanos un modelo rápido de transporte y que, en el caso del Metro, posibilitaba la conexión de la capital con varios municipios limítrofes de la provincia: Dos Hermanas, Mairena del Aljarafe y San Juan de Aznalfarache.

A punto de cumplir los dos años de existencia –se inauguró en abril de 2009- la Línea 1 del Metro se ha consolidado como uno de los medios de transporte más utilizados por la población, con más de 20 millones de usuarios que han recorrido los 18 kilómetros que dibujan el trazado de la primera de las líneas del metropolitano.

En proyecto quedan la construcción de las otras tres líneas que dotarán a Sevilla de una red de Metro a la altura de sus necesidades de transporte. La gama de nuevos medios de transporte se completaba con la modernización de la flota de vehículos de Tussam.

El transporte urbano por excelencia de la ciudad debía adaptarse a los nuevos tiempos para lograr sobrevivir y esta década ha sido, en consecuencia, la de su adecuación a los nuevos retos medioambientales que iban surgiendo.

De este modo, Tussam ha logrado modificar su flota en estos años añadiendo vehículos propulsados por energías no contaminantes como el gas natural, el biocombustible y la última aplicación de autobuses eléctricos utilizados para cubrir el trazado de la línea C5 por las calles del Casco Histórico.

Pero para que este nuevo modelo de transporte público y sostenible funcionara era necesario poner en marcha un proceso de reordenación circulatoria que hiciera fluir el tráfico en las principales arterias comunicativas.

En el interior de la ciudad proyectó la instalación del sentido único en la Ronda Histórica y la Ronda Norte que disolvieron los grandes atascos que se producían en la zona.

Un concepto al que se unió la aprobación de los proyectos de construcción de los pasos subterráneos de Bueno Monreal y la Avenida de Andalucía, en pleno proceso de realización, y que están llamados a ser un cauce de absorción del incesante tráfico que circula a diario por ambas zonas de la capital.

La conclusión del bulevar de Bellavista, la remodelación de los accesos a Sevilla desde la A-92 a la altura de Torreblanca y el inicio de los trabajos de la SE-40 en los municipios de Alcalá y Dos Hermanas cierran la estrategia circulatoria propuesta por el Ayuntamiento.

La construcción de una nueva Sevilla por y para los ciudadanos requería la recuperación de espacios públicos para el peatón. No era sencillo, pues se trataba de cambiar el concepto de años de historia en los que el vehículo privado siempre le había ganado la partida a los ciudadanos en cuanto a la ocupación de los espacios de la vía pública.

La clave pasaba por peatonalizar y, de este modo, devolver a los sevillanos aquellos lugares que nunca debieron haber perdido.

El Casco Antiguo se convirtió en el epicentro de un proyecto cuyo punto de inicio fue el eje existente entre la Plaza Nueva y la Puerta Jerez que con este modelo pasó a constituirse en una zona peatonal tomada por los sevillanos.

Con el punto de partida de la Avenida de la Constitución, y la instalación del servicio del Metrocentro, la ciudad fue tomando conciencia de que ése era el modelo más adecuado para que Sevilla se convirtiera en una urbe adaptada a las realidades que exigía una ciudad moderna basada en un criterio de sostenibilidad.

Después llegó la recuperación de la Alameda, reconvertida en una plaza gracias a las aportaciones realizadas por más de medio centenar de vecinos de la zona, la Plaza de la Encarnación y su proyecto de nuevo mercado bajo la sombra de las setas del Metropol Parasol, y la recuperación para el peatón del eje que constituyen la Plaza del Salvador, del Pan, de la Pescadería y de la Alfalfa, hasta entonces saturadas con la presencia del vehículo privado que las asfixiaba.

Un nuevo modelo que no sólo afectó a la zona más céntrica de la ciudad sino que llegó a trasladarse incluso a los barrios.

Espacios en los que los vecinos demandaban la recuperación de plazas y espacios públicos, hasta entonces tomados por los vehículos privados, y en la que jugó un papel destacado la reordenación de los aparcamientos que limitaron los lugares destinados a los estacionamientos en el interior de los barrios.

Un proceso que no dejó al margen a las calles de marcado carácter comercial alejadas del Casco Histórico.

Dos arterias destacadas como Asunción en Los Remedios y San Jacinto, en el corazón de Triana, han sido los últimos ejemplos de peatonalización cuyos efectos sobre el comercio han sido más que positivos, pues las calles han vuelto a ser tomadas por los peatones que, de un modo más cómodo, han podido acceder a los negocios mejorando, de este modo, la pésima situación económica que soportaban.

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