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Una década sin Alejandro

Flores frescas y velas en el lugar del crimen recuerdan el décimo aniversario de la muerte de Alejandro Méndez, el joven de 24 años que falleció apuñalado por otro chico tras discutir por unos refrescos en los Jardines de Murillo, entonces zona habitual de botellonas. Su familia ha querido vivirlo de la forma menos traumática.

el 15 sep 2009 / 18:21 h.

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Flores frescas y velas en el lugar del crimen recuerdan el décimo aniversario de la muerte de Alejandro Méndez, el joven de 24 años que falleció apuñalado por otro chico tras discutir por unos refrescos en los Jardines de Murillo, entonces zona habitual de botellonas. Su familia ha querido vivirlo de la forma menos traumática.

Los padres y hermanos de Alejandro habían celebrado cada año una misa en su memoria en la iglesia de los Salesianos de la Trinidad, su mejor homenaje al tratarse de una familia muy religiosa, pero este año han querido vivirlo "con la mayor normalidad". "Ha pasado mucho tiempo y aunque nos acordamos de mi hermano siempre, necesitamos que sea menos traumático", explicaba ayer su hermana María de los Ángeles. Aún así, pedía a todo el que se acuerde de Alejandro estos días que acuda "a cualquier misa y rece por él".

El conocido como el crimen de la movida se produjo en los Jardines de Murillo el 7 de noviembre de 1998 y suscitó un debate sobre la violencia juvenil y la entonces recién aprobada Ley del Menor, ya que nadie se explicaba las causas de la agresión. La pandilla de Alejandro, un joven muy tranquilo y centrado, explicaron que cuando acabaron su botellona se acercaron a un grupo cercano para ofrecerles unas botellas de refresco que les habían sobrado, pero éstos reaccionaron con violencia. La pandilla de Alejandro trató de retroceder, pero los otros los siguieron y dos menores lo apuñalaron, uno de ellos en el corazón, causándole la muerte.

En su décimo aniversario, como cada año, familiares y amigos han colocado flores frescas de color blanco y velas rojas en torno al árbol junto al que cayó muerto Alejandro, en el que hace años colocaron una cruz con el lema Mártir asesinado por dar la paz. Justo después del crimen, los allegados al joven colocaban las flores y las velas a diario, y durante muchos aniversarios también se colocaron bajo el árbol poemas escritos por su padre, que quedó muy afectado por el crimen y que, ya pasado el tiempo, seguía recorriendo con frecuencia a pie el camino desde su casa hasta los Jardines de Murillo. El padre, José María Méndez, falleció hace dos años.

Aunque en principio fueron detenidos dos menores, que pasaron dos meses en prisión preventiva, al juicio celebrado en 2001 acudió acusado de asesinato Isaac V.C., que fue condenado a ocho años de reclusión y cinco de libertad vigilada, la máxima pena prevista por la Ley del Menor, por un delito de asesinato, en una sentencia que no fijó ninguna indemnización a la familia del fallecido porque sus padres renunciaron expresamente a ella y afirmaron que le habían perdonado.

El joven se acogió a su derecho a no declarar en el juicio, en el que su abogado pidió la absolución alegando que su navaja no coincidía con la herida, pero las declaraciones de los testigos dejaron claro que Isaac golpeó a la víctima en el pecho, y luego fue visto con una navaja ensangrentada en la mano.

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