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Una estrella discreta

el 15 ene 2012 / 07:42 h.

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A Fátima Báñez no le gustan los focos ni llamar la atención. Ella es más de situarse en segunda fila, de huir de las medallas. Hasta ahora. La flamante ministra de Empleo y Seguridad Social ha tenido un ascenso meteórico que se ha ganado como una hormiguita, trabajando de forma incansable y casi anónima. Es la gran desconocida del Gobierno de Rajoy, pese a los doce años de carrera en el Congreso. Su escalada se la debe -además de a ella misma- a sus descubridores: Soraya Sáenz de Santamaría y Cristóbal Montoro. Juntos han diseñado la estrategia económica del PP. Ese esfuerzo le ha valido un ministerio clave pero que también es un marrón. Todo un reto para la estrella revelación del Ejecutivo que, eso sí, es una estrella discreta.

A esta onubense de 45 años le toca bailar con la más fea. Rajoy le ha encomendado la titánica tarea de frenar la sangría de paro, que alcanza los cinco millones en España, pero también debe cerrar en un tiempo récord -este trimestre- una nueva reforma laboral capaz de reflotar el empleo. Se lleva bien con sindicatos -en los que cree- y empresarios y tiene talante de sobra, aunque de momento no le ha servido de mucho porque el acuerdo sigue atascado.

Su fichaje no sorprendió demasiado. Sonaba en las quinielas de los ministrables y estaba casi cantado cuando se sentó junto al presidente en la constitución de las Cortes. Pero poco se sabía de la nueva ministra; pocos la conocían bien, ni siquiera en su tierra, Andalucía, de la que emigró hace más de una década para instalarse en la capital. En Madrid vive a las afueras con su marido, que trabaja en banca, y sus dos hijos, de ocho y cinco años. Tampoco nadie adivinó inquietud política en esta alumna de Derecho y Empresariales de ICADE que nunca fue la más lista de la clase. Aunque se especializó en Estados Unidos en empresas, sí tenía alma política -en eso también sorprendió- y entró muy joven en el PP, en 1995. Un año después conoció a Javier Arenas y empezó a trabajar para él en la dirección regional del partido.

Fue consejera de la RTVA y luego jefa de gabinete de Teófila Martínez cuando era presidenta del PP andaluz. Aupada por sus dos jefes llegó al Congreso en 2000, con 33 años. En la Cámara Baja ha sido casi de todo, siempre ligada a la economía. Soraya Sáenz de Santamaría tiró de ella en 2004 para la reforma de los estatutos, entre ellos el andaluz. Ahí pudo lucir su potencial. Cuando estalló la crisis entró a formar parte, junto a Sáenz de Santamaría, Montoro y Álvaro Nadal, del equipo del PP que planeó toda la estrategia económica.

Pero, ¿cómo es la nueva ministra? Pertenece a los juniors de Génova, es de la generación de Alfonso Alonso, María Pico, José María Lassalle y Soraya Sáenz de Santamaría. Todos ellos son grandes amigos. Con esta última comparte el mismo perfil, que es el que le gusta -profesionalmente- a Rajoy: ambas son trabajadoras hasta el extremo, rigurosas, metódicas, perfeccionistas y ciertamente tímidas, aunque a Fátima Báñez nadie le borra la sonrisa de la cara. Nunca ha demostrado tener hambre de poder y ha sido paciente, pudiéramos decir que incluso conformista, y el presidente ha premiado esa actitud. Pero, por encima de todo, Fátima Báñez es una mujer discreta, en su trabajo -nunca dice frases altisonantes- y también en su apariencia. Suele vestir traje chaqueta pantalón, preferiblemente en blanco, negro o rojo. El pelo, siempre melena lisa, raya al lado.

Los que han trabajado con ella y la han acompañado en caravana electoral -ha sido cabeza de lista al Congreso por Huelva en las tres últimas elecciones generales- la consideran una persona cercana, alegre, amiga de sus amigos y muy sencilla. Con la misma naturalidad s e para a charlar un rato con un vecino de su pueblo, San Juan del Puerto, que explica a un periodista una ley complicada. Ni un año se pierde la comida de antiguas alumnas del colegio y tampoco perdona un verano en las playas de La Antilla. En San Juan sigue viviendo su familia y la ministra, que es la mayor de seis hermanos, conserva ahí su casa y se escapa siempre que puede. Ahora suponemos que irá menos. Es lo que tiene convertirse en la estrella revelación del Gobierno.

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