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Una ETA en declive y cada vez más cuestionada desde dentro se ceba en las FSE

el 21 dic 2009 / 20:52 h.

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Una manifestación recordaba que hacía un año ETA mató a Ignacio Uría, el pasado 3 de diciembre.

El año 2009 acaba con una ETA en declive, cuestionada desde dentro por sus militantes y golpeada en España y Francia por las Fuerzas de Seguridad, tres de cuyos miembros fueron asesinados, en una demostración de que puede seguir haciendo daño porque, como señala el ministro del Interior, "matar es fácil".

ETA se resiste a dejar las armas, mientras la izquierda abertzale aboga por un nuevo "proceso de negociación" entre el Gobierno y la banda en un contexto de ausencia "total" de violencia, tal y como señalaba en un nuevo documento dado a conocer en noviembre.

Algunos presos, como los "históricos" Joseba Urrosolo Sistiaga y Carmen Gisasola, son más contundentes y piden a la izquierda abertzale más claridad en sus planteamientos: creen que debe plantear "el fin de la lucha armada" y que no se puede dejar "a unos pocos que sigan pidiendo más madera".

El escenario es el de una ETA en horas bajas, pero que sigue dando dentelladas. En lo que va de año, ha perpetrado trece atentados, dos de ellos mortales: el que acabó con la vida del inspector de Policía Eduardo Puelles y el que tuvo como objetivo a los guardias civiles Carlos Enrique Sáenz de Tejada y Diego Salva.

Puelles, que llevaba 16 años trabajando en la lucha contra ETA, fue asesinado el 19 de junio en Arrigorriaga (Vizcaya) y se convirtió en la primera víctima mortal de la banda desde que Patxi López fuera investido como lehendakari.

Un mes y medio más tarde, el 30 de julio, ETA mató a los dos guardias civiles al hacer explotar una bomba lapa adosada a su todoterreno en Palmanova (Palma de Mallorca).

Horas antes de ese atentado, los terroristas habían intentado provocar una masacre en la casa cuartel del instituto armado en Burgos, al explosionar una furgoneta-bomba que causó 60 heridos leves.

Sedes de partidos, empresas y repetidores de televisión han sido otros objetivos de la banda, que ha sufrido sin embargo fuertes reveses.

Así, desde principios de año han sido detenidas 120 personas por su presunta relación con ETA, 83 en España, 34 en Francia, una en el Reino Unido, otra en Venezuela y una más en México, según datos recopilados por Efe.

La estructura "logística" del "aparato militar" de ETA, la que se encarga de suministrar armas y explosivos a los "comandos", ha sido la más golpeada, ya que ha perdido más de una tonelada de explosivos y sus responsables han ido cayendo uno detrás de otro.

Y es que al arresto de Jurdan Martitegi en abril y de Itziar Plaza en julio siguió la detención en agosto de Alberto Machaín, Andoni Sarasola y Aitzol Etxaburu, tras la que fueron localizados en Francia catorce "zulos" con 700 kilos de explosivos.

El "aparato político" también ha perdido este año al sustituto de Javier López Peña, "Thierry": Aitor Elizaran, que lo codirigía junto a Iratxe Sorzábal, a la que se supone ahora al frente del organigrama de la banda.

El arresto de Elizaran en Francia se produjo sólo seis días después de la detención en España del ex portavoz de Batasuna Arnaldo Otegi, una coincidencia que llevó a Alfredo Pérez Rubalcaba a admitir la "relación" entre la caída del dirigente etarra y la operación que llevó al segundo a prisión, junto a otros dirigentes abertzales, por tratar de reconstruir la formación ilegalizada.

También la "cantera de ETA" sufrió un revés en octubre, cuando fueron detenidos 36 jóvenes de Segi, sucesora de Jarrai y Haika, que planeaban un recrudecimiento de la violencia callejera en este mes y principios de 2010.

La dirección de ETA les fijó como principales objetivos a representantes del PSOE, PP, PNV, Nafarroa Bai y el Partido Socialista francés.

La operación permitió conocer un documento de la dirección etarra en la que alertaba a sus militantes de que están "tan separados del pueblo que la distancia se está haciendo insostenible".

A pesar de ello, ETA sigue haciendo oídos sordos a las cada vez más numerosas voces que piden el fin de la violencia, mientras el Gobierno insiste en que su política antiterrorista no cambiará y que las Fuerzas de Seguridad frustrarán de manera sistemática cualquier intento de la izquierda abertzale de regresar a las instituciones mientras no renuncie a la violencia.

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