Cofradías

Una exhibición de elegancia

Al Cristo de la Fundación y a la Virgen de los Ángeles les respetó la lluvia tras dos años sin salir

el 28 mar 2013 / 21:35 h.

los negritosLa plaza de Carmen Benítez y la calle Recaredo estaban ayer atestadas de un público deseoso de poder disfrutar de la elegancia de los dos titulares de la Hermandad de Los Negritos: el Cristo de la Fundación y la Virgen de los Ángeles. Y así fue. Después de dos semanas santas sin haber podido realizar estación de penitencia a causa de la lluvia, este año se cumplió el sueño de llegar a la Catedral. Aunque en el cielo había alguna que otra nube, el riesgo de recibir un aguacero era mínimo por lo que la hermandad pudo exhibir su clase. Tal y como estaba programado a las 15.20 se abrieron las puertas de la capilla de Los Ángeles, momento en el que se hizo un silencio sepulcral roto por la música de la Banda de las Nieves de Olivares, que durante el cortejo acompaña a la Virgen de los Negritos. Al ponerse en la calle el Cristo de la Fundación sonaron los aplausos de los fieles y desde uno de los balcones de la cofradía sonó una saeta, mientras el Cristo enfilaba camino de la vecina parroquia de San Roque, para saludar y presentarse, como es tradición, ante la Hermandad de San Roque y la Hermandad de la Virgen de la Sierra, donde se escuchó otra saeta. Las gerberas rojas con las que exornó el florista Javier Grado el monte del Cristo causaron sensación entre el público, pero nadie atinó a ponerlas nombre. “Son como margaritas”, decía una señora, que sólo se atrevió a afirmar que en el filo, como complemento, el paso llevaba un poco de azahar. Cuando el Cristo de la Fundación caminaba hacia la calle Guadalupe salió de su capilla la Virgen de los Ángeles, momento en el que fue recibida por una gran petalada que un hermano le tiró desde lo alto de la espadaña del templo. Al igual que el Cristo también recibió una sonora ovación y se le cantó una saeta. La Virgen de Los Ángeles también se acercó a saludar a la Hermandad de San Roque y a la Hermandad de la Virgen de la Sierra. En este momento el calor apretaba y entre el público se escuchó alguna que otra crítica al capataz Antonio Santiago. Un hombre comentaba a su pareja que se estaba llevando a la Virgen con demasiada lentitud: “Las bambalinas nos se mueven”, a lo que su acompañante le respondió que a ella le gustaba como se la mecía. Al margen de este pequeño reproche, en las inmediaciones de la capilla de Los Ángeles todo eran piropos para la hermandad. Muy emocionada estaba Ángeles, hermana de Los Negritos desde que nació en la casa del colegio de Santo Tomás de Aquino. “Toda la familia somos hermanos, hasta mi biznieto, y los que no están aquí en la calle es porque hacen la estación de penitencia”, remarcó. Ángeles, casi con lágrimas en los ojos, recordó que ella comenzó a salir de nazarena el primer año que lo permitió la hermandad, “pero por un accidente que sufrí ya no puede ser”, pero aclaró que siempre ve salir a su cofradía “y siempre lloro”.

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