Cofradías

Una explosión de júbilo

La Calzada demostró un año más la pasión que siente por sus imágenes.

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el 30 mar 2010 / 18:06 h.

"Llevadlo bien y con esmero, como la cuna de un niño; que no lo roce ni el madero; que a mi Cristo de la Sangre lo mecen sus costaleros". La populosísima salida de la cofradía de San Benito llega a su ecuador en el barrio de la Calzada con este lamento.

Es fácil rozar, sentir el éxtasis. Una saetera inicia esta oración desde un balcón colindante cuando el segundo de los tres pasos de San Benito asoma por el pórtico de la iglesia. La explosión de júbilo del gentío alcanza su clímax y puede decirse que el Martes Santo ha cobrado ya todo su sentido.

Un mar de gente, un barrio entregado, como cada año; un ambiente festivo, plagado de vendedores ambulantes, nazarenitos repitiendo antiguos rituales familiares; un río de capirotes morados enfilando su caudal de penitencia hacia la desembocadura de la Catedral... La escena, por ser repetida cada año, no pierde un ápice de emoción. Hay lágrimas, casi tantas como manos aplaudiendo, que parecen palomas echadas al cielo.

El Cristo de la Sangre, no obstante, vino precedido por ese enorme paso de misterio -la Presentación al Pueblo-, portado por 45 costaleros, con el que comenzó a animarse un barrio que cada año renueva su compromiso con ese señor prendido ante el procurador Poncio Pilatos. Recibió al paso un cielo encenizado, mal presagio y terrible pesadilla del día anterior, pero nada parece inquietar a los niños, ni a sus padres, ni a las pandillas adolescentes, ni a los ancianos del asilo vecino, ni a los costaleros de relevo que se abrazan a la puerta. Parece que Sevilla entera está en Luis Montoto.

La Virgen, el paso de palio de la Encarnación de la Calzada, esa palomita de Triana, tarda poco más. La calle San Benito de repente ha enmudecido. Por poquísimo tiempo, el indispensable para coger aire y entonar un Dios te salve María al unísono que no deja un solo vello en su sitio. La revirá de los costaleros hacia la antigua calle Oriente parece no terminar nunca. Con mucho mimo, con un sigiloso cuidado. La saetera repite su ritual. No es posible girar la vista y encontrar a alguien con la emoción contenida.

El mundo, a pesar de todo, no se ha detenido. La Cruz de Guía enfila ya la Puerta de Carmona y los niños siguen siendo protagonistas. Kike y José Miguel son hermanos y han venido juntos este año. Con su madre y su tía. Reparten caramelos, tantos como besos. El antifaz levantado y la ilusión en la joven mirada. Son el vivo espíritu de San Benito.

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