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Una faja de solidaridad para el costalero de San Gonzalo

José Antonio López Castañeda, costalero de San Gonzalo desde 1986, no podrá meterse este año bajo el paso de la Virgen de la Salud. Hace menos de un mes que se ha sometido a una operación para donar uno de sus riñones a una buena amiga. "No todo va a ser cargar peso", dice.

el 16 sep 2009 / 00:11 h.

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José Antonio López Castañeda, costalero de San Gonzalo desde 1986, no podrá meterse este año bajo el paso de la Virgen de la Salud. Hace menos de un mes que se ha sometido a una operación para donar uno de sus riñones a una buena amiga. "No todo va a ser cargar peso", dice.

Gestos como el de este costalero de San Gonzalo son los que dignifican al género humano y, de paso, a la de un tiempo a esta parte muy vilipendiada gente de abajo. José Antonio, uno de los ratones de la trasera del palio del Barrio Léon, aún se está recuperando de la operación a que se sometió hace menos de un mes en la que le fue extraído un riñón sano para donárselo a una vecina enferma de insuficiencia renal terminal. Un acto de generosidad sin límites al que José Antonio, sin embargo, le resta importancia. Sólo por ver cómo lloraba su vecina Chari comiendo churros con chocolate horas después de recibir su riñón -alimento que tenía vedado hasta entonces- le ha merecido la pena llevar para siempre la cicatriz que ahora luce en su barriga y el medio enfado con los patronos de su empresa, "siempre reacios a conceder una baja prolongada a una persona sana que voluntariamente decide convertirse en donante vivo", explica el doctor José Pérez Bernal, coordinador de trasplantes y, en ocasiones, mediador en estos conflictos.

Lo cierto es que José Antonio, de 42 años, casado y con cuatro hijos, no dudó en entrar en un quirófano y donar parte de su cuerpo para salvar a Chari, una buena amiga de la familia, vecinos todos de Dos Hermanas, afectada de una insuficiencia renal. "Tenía sus dos riñones prácticamente paralizados. Por desgracia, su marido, Antonio, no podía donárselo porque no eran compatibles. Y bueno, las cosas de la vida, yo me ofrecí y ya está todo hecho", relata José Antonio con una sobrecogedora sencillez que agiganta su heroicidad. "No todo va a ser cargar peso y llevar a tu imagen, también hay que echar una mano", apostilla cuando se le recuerda a qué huele el azahar de San Gonzalo un Lunes Santo.

Por prescripción médica -aún no ha transcurrido ni un mes de la operación-, José Antonio no podrá salir este año debajo de su Virgen de la Salud, una advocación que este veterano costalero ha interiorizado hasta tal punto que, como reza en el techo de palio de la dolorosa del Barrio León, él mismo se ha convertido en "fuente de salud".

Después de superar un meticuloso chequeo -los médicos debe comprobar que el donante puede seguir viviendo con un solo riñón- y de obtener la pertinente autorización judicial, José Antonio entró en quirófano para salir convertido en un "héroe". "Ni José Antonio ni los demás donantes vivos de un riñón le dan importancia a lo que han hecho. Mi obligación es tratarlos como a héroes, porque han salvado una vida", recalca el doctor Pérez Bernal.

Hasta los amigos de José Antonio se muestran "sorprendidos" por su heroicidad, "sobre todo cuando conocen que el riñón es para una amiga, no para tu hijo, tu mujer o tu hermano". El acto de amor al prójimo de este costalero no ha pasado desapercibido para los dirigentes de la hermandad de San Gonzalo que, a las 48 horas de salir del quirófano, fueron a visitarle y ofrecerle el mejor de los presentes que jamás podía esperar José Antonio: la decepción de no poder sacar este año a la Virgen de la Salud bajo las trabajaderas quedará compensada con el regalo de poder vestir el traje negro y acompañar al equipo de capataces, colaborando estrechamente con ellos, en la estación de penitencia del próximo Lunes Santo. Una levantá del palio seguro que irá por él.

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