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Una familia de Nervión gana 2,5 millones en la Bonoloto

Vicente es el padre del dueño del estanco donde se selló el boleto, en Alejandro Collantes.

el 18 mar 2014 / 17:35 h.

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premio-bonoloto-sevillaMartín Ato y Vicenta Espinosa tienen desde ayer el problema que todos quisiéramos tener: ¿qué hacer con 2,5 millones de euros? Este hombre de 77 años, padre del dueño del estanco donde se selló el boleto y de la mujer encargada de las quinielas, ha sido el único acertante de primera categoría (6 aciertos) de la Bonoloto del pasado lunes. Así que, como reza en el cartel colgado bajo su casa, en la puerta del estanco, ha obtenido un premio de 2.549.371 euros. Ayer su calle, Alejandro Collantes, en Nervión, estaba revolucionada gracias a la combinación ganadora: 9 - 13 - 24 - 39 - 47 - 49. Complementario: 29, reintegro: 0. «Le dije a mi hija Julia, que es la que lleva la máquina de las quinielas, que me echase una bonoloto. Y la máquina me dio esos números», comentó ayer Martín, poco hablador. Su esposa, Vicenta, en cambio, explicaba sin cortapisas que son «felices, felices». «Llevamos en el barrio 50 años y entre 46 o 48 años con el estanco. Además, tuvimos un bar en la puerta de al lado durante unos 20 años y trabajábamos de noche y de día, sin ayuda de nadie, mientras mis hijos estudiaban. El estanco era de mi hermana y mío, pero nosotros ya estamos jubilados, así que son mis hijos Francisco Javier y Julia los que lo llevan. Además tengo otra hija, María José. Ahora repartiremos el premio y los disfrutaremos», aseguraba Vicenta orgullosa de su familia. Evidentemente, el destino de parte de los 2,5 millones de euros lo tienen claro: «A tapar muchos agujeros. Mis hijos deben mucho, tienen hipotecas, así que vamos a quitarlas», comentó Vicenta, con 85 años muy bien llevados. La familia, con tres hijos y cinco nietos, tenía incluso un piso en venta en Chiclana para solucionar problemas económicos que ahora se han evaporado. «Mañana mismo llamaremos para que quiten el cartel de se vende. ¡Y nos iremos a la playa!», aseveró Martín. Su hijo Francisco Javier resumía con una frase sus sentimientos: «Ahora podemos estar tranquilos nosotros y nuestros hijos». «Todos los vecinos se han alegrado porque somos buena gente, aunque esté feo decirlo. Llevamos toda la vida trabajando», recalcó Vicenta, junto al estanco y el locutorio bajo su piso. En una zona de Nervión (el tramo de Alejandro Collantes más cercano a Clemente Hidalgo) donde imperan los carteles de «se vende casa». «Hay mucha droga y paro. Pero la mayoría somos personas honradas, como esta familia», apostillaba una vecina que decía sentirse feliz por haber tenido la suerte tan cerca.  

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