Una familia es obligada a dejar su vivienda en Los Militares de Utrera por un padrón

No es un desahucio por impago como los muchos que está dejando la crisis, pero sí que está cargado del mismo drama. La pareja formada por Abel Santantón y Maribel Domínguez, con su hijo de 2 años, se vieron ayer fuera de su vivienda después de que ésta haya pertenecido durante 30 años a su familia.

el 01 dic 2009 / 19:59 h.

Momento en el que la familia recibe la orden de desahucio.

La acogida por parte de la hermana de ella es lo único que tienen estos vecinos de Utrera tras haber sido desahuciados de la colonia militar del aire, un barrio conocido en el municipio como Los Militares.

Sin duda, recordarán para siempre el 1 de diciembre de 2009 como "uno de los días más difíciles de nuestra vida", en palabras de la mujer, tras conocer que no había marcha atrás en el desalojo. En la calle, a los pies del bloque de pisos, lloraba: "He vivido aquí desde que tenía 6 años".

Cuando sus padres se separaron ella comenzó a compaginar su estancia entre la vivienda de su madre y la que ocupaba hasta ayer, donde se quedó el padre, que era militar, y al que ella iba por temporadas a cuidar "porque padecía una enfermedad". Fue en 2000 cuando fijó su residencia en Los Militares, falleciendo su progenitor cuatro años después.

"Entonces empecé a mover papeles, descubriendo que yo estaba empadronada con mi madre". Y así comenzó su pesadilla. Tras llevar a cabo el empadronamiento en dicho barrio, solicitó la subrogación de la propiedad de su familia a través del Instituto para la Vivienda de las Fuerzas Armadas (Invifas), dependiente del Ministerio de Defensa. Le informaron por aquel entonces de que "tenía que ser la viuda del titular la que solicitara subrogarse, a pesar de estar separados". Entonces descubrió que hasta le habían abierto un expediente a su nombre, porque se habían producido varios impagos, a pesar de que ella no figuraba en el contrato. "Satisfechas las deudas, se estableció mi cuenta para realizar los pagos a partir de entonces, pero después me dijeron que no tenía derecho a subrogarme porque no convivía con el titular".

Sus vecinos la apoyaron en su lucha y declararon ante un juez que ella residía en el lugar, pero eso no fue suficiente. Denegada la subrogación, había que proceder al desalojo. Y ayer llegó ese momento, produciéndose el desahucio de un inmueble de 30 años que, además, ellos habían reformado y arreglado. "Hemos solicitado que nos dejen comprarlo, pero también nos lo niegan", lamentó el hombre. Si ahora quieren volver a vivir en él, la ley marca que formará parte de una subasta, primero para los militares, y luego para el público en general. "Por lo que queda al mejor postor, y después de las obras llevadas a cabo, va a ser la primera que tenga titular, porque el resto están muy estropeadas", se lamentó el hombre.

Lo cierto es que ni el último ápice de esperanza que ayer le quedaba a esta pareja, junto al apoyo y el cariño de todos sus vecinos, pudo salvarles del desalojo cuando, a las 11.00 horas, vieron aparecer por la puerta a un responsable del Invifas, acompañado de dos agentes de la Guardia Civil. Desde el propio Invifas, con regulares modos y un contundente "¡vaya rollo!", en relación a este caso, confirmaron vía telefónica el desahucio que los ponía de patitas en la calle y fuera de una vivienda que entre esta pareja y el padre de ella llevaban pagando 30 años.

Y todo ello, con una colonia militar en la que, de los 408 pisos que la conforman, más de la mitad -un total de 213- están actualmente deshabitados.

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