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Una Feria de dulce

Llega a las casetas el abanico, una vuelta de tuerca muy feriante al clásico rosco de Reyes que aspira a convertirse en el bollo oficial de la fiesta, aprovechando el vacío repostero en torno a la misma (caso excepcional en Sevilla). Cuesta 7,90 euros y ya está a la venta.

el 16 sep 2009 / 01:29 h.

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A los periódicos llegan a diario infinidad de chismes y cosas para que se les dé vidilla y los lectores sepan de su existencia: música, libros, ocurrencias, señores con bigote... que en lo tocante a expectación suelen despertar ni mucha ni poca: la normal. La profesionalidad produce esa entereza. Pero lo de ayer fue insólito.

Un coro de reporteriles voces con sonido de arpa exclamando al unísono ¡Oh!, ¡Ah! y ¡Yo quiero! al paso de este abanico de feria que olía (obsérvese la conjugación en pasado) a gloria. La sacrosanta hora de la merienda se veía iluminada por un ejemplar de 300 gramos de este bollo alegórico que, ayer mismo, nacía en Sevilla con idea de convertirse en lo que nunca ha existido: el dulce típico de la Feria de Abril.

Lo trajo uno de sus autores, a la sazón director del Centro de Investigación y Desarrollo de la Pastelería Andaluza, Francisco Sánchez, quien juraba y perjuraba que el proceso de elaboración de cada pieza es enteramente artesanal. El hombre comentó que la crisis, por mucho que también pegue bocados, no está detrás de este invento: "Llevamos ya dos años investigando", dijo. Y cayó en dos minutos, sic transit gloria mundi, salvo el trozo dedicado a glosar sus características.

Abanicar, no abanica nada ni falta que hace. Sus ingredientes son los típicos de la bollería y, como explicaba Sánchez, se da un aire al rosco de Reyes de toda la vida de Dios aunque más esponjoso y más longevo: cinco días aguanta sin refrigeración, y "algunos más" en el frigorífico, con la recomendación de que no se consuma frío, porque así no está tan bueno como debiera.

El abanico de feria sabe exactamente como usted se lo está imaginando después de mirar la foto, aunque, contra lo que pueda parecer, no está relleno de crema pastelera ni de ninguna otra cosa más que de su propia condición de bollo migable. Adornado con trocitos de fruta escarchada, el diseño de las varillas está pensado para que de un ejemplar salgan seis porciones (advertencia: espabile, que las de los lados son más grandes). ¿Y el azúcar durito? ¿Cómo está? Para juntar los dedos índice y anular y ponerlos a dar vueltas al viento. De modo que, sin que esto sea publicidad sino justicia entremezclada con apetito, corra a probarlo que hoy ya está en venta.

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