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Una feria fosilizada pero en ebullición

el 23 sep 2012 / 18:13 h.

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Muchísima gente paseando ayer por el Festival de las Naciones.
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Es fácil perder la cuenta cuando se rememora el Festival de las Naciones. En años recientes, de encuentro a la vera del río pasó a feria -portada incluida- en el Prado de San Sebastián. Y ahí ha vuelto a instalarse durante bastante más tiempo de lo que dura en pie el Real de Los Remedios.

Hasta el 4 de noviembre, casi dos meses durante los cuales miles de sevillanos pasarán por allí para comer y ver lo de siempre. Pero marcharán felices. Tal es el poder encantatorio, embrujador, de este laberinto de tenderetes y platitos con arepas andinas y samosas indias con su mijita de albero, como bien manda el canon gastronómico de cualquier feria que se precie de ser mayúscula.

Sus visitantes conforman todos los años un experimento sociológico que se escapa a cualquier concreción. El viernes por la noche costaba trabajo andar, ayer a mediodía media Sevilla se había atascado frente al puesto de cartuchos de patatas fritas a tres euros. Sumen familias, adolescentes con futuro y unos poquitos canis con algo menos de proyección, parejas que se juran amor eterno bebiendo guarapo latinoamericano (un singular brebaje que sabe a líquido conservante de berberechos) y grupos de amigos generosamente treintones que montan su urbanita reunión dominical alrededor de una mesa en la que a cada uno se le antoja comer cosas de un país distinto.

El Festival de las Naciones no cambia. Y ¡ay si cambiara! ¿Se imaginan no poder comprar chocolate maya, ponerse ciego de sidra asturiana y no llevarse un paquete de obleas gallegas para mojar en el café del desayuno? "Sería catastrófico que esto cambiara, si ya funciona, ¿para qué tocar nada?, ¿para empeorarlo? Quite, quite...", opina Héctor, un argentino con más denominación de origen española que Naranjito que ayer adquiría merchandising comunista en el puesto que cada año pone Rusia, donde parece que el viejo país europeo sigue instalado en los años efervescentes de la Unión Soviética.A pocos metros de allí está el puesto con los belenes ecuatorianos, un poco más allá el tenderete con las camisetas estampadas y hacia el otro lado el despacho de los mojitos cubanos.

Dicen que aspira a ser una Expo en miniatura (!) pero quizás por el impacto de aquella caló tan hondo este sucedáneo en los sevillanos. Desde luego, en ningún lugar como en el escenario de esta feria podrá ver hoy un espectáculo de danza del vientre, mañana uno de samba brasileña y pasado un musical de Bollywood donde unos chavales hacen lo que pueden.Si no se es muy exigente estas Naciones dan para darse un garbeo. Aunque, snif, siempre preferiremos el recuerdo del negociado de Curro.

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