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Una hipótesis razonable

Aquién perjudica la llegada del autobús? A Dios no, sería una banalidad. El creyente, si desea vivir su fe de una manera adulta y crítica, al margen de una credulidad un tanto estúpida, establecida de una vez y para siempre, necesita dar razones de aquella como actitud y como opción...

el 15 sep 2009 / 23:01 h.

Aquién perjudica la llegada del autobús? A Dios no, sería una banalidad. El creyente, si desea vivir su fe de una manera adulta y crítica, al margen de una credulidad un tanto estúpida, establecida de una vez y para siempre, necesita dar razones de aquella como actitud y como opción. Dios no puede ser confundido con un mero concepto al que es posible acceder a través de pruebas que sólo sirven para convencer a los previamente convencidos, quedando a merced de nuestras palabras.

Más real es admitir que la existencia de Dios no se puede demostrar, que más que comprenderle se le experimenta a través del compromiso con los otros, exigiendo una decisión existencial, a modo de hipótesis razonable, que no excluye preguntas incómodas. La existencia de la nada tampoco se puede demostrar. La fe cuando no es un don es un hábito o el resultado de una fuerte voluntad de creer. Muguerza advierte que la fe es, a la vez, más y menos que un mero conocimiento. Menos, porque no puede confundirse con la ciencia sometida a comprobación. Y más, porque envuelve una confianza en el depositario de la creencia. Lo que remite a Dios de un modo profundo es el deseo de encontrarlo, no confundir con una mera proyección de ese deseo. El Dios revelado pero oculto no se puede ver, sólo escuchar y se le experimenta en el límite.

Lo dicho no supone obstáculo alguno para admitir la existencia del no creyente. Es más, la frontera entre la creencia y la no creencia es un tanto lábil y no conviene ni difuminarla ni impermeabilizarla. No deja de ser razonable hablar de una religión en la frontera. Pero si creencia y no creencia no resultan afectadas por el autobús, la libre circulación de éste puede resultar perjudicada por la intolerancia. La tolerancia no puede ser confundida con la indiferencia, ni tampoco con una suerte de pereza o cobardía moral. Carecer de reflejos para imponer límites es lo que debe inquietar. El tolerante absoluto ya no es capaz de indignarse por nada. La libre circulación del autobús no debe plantear problemas.

Colectivo de profesionales andaluces

vicenteplural@hotmail.es

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