Una homilía para el recuerdo

El Año Jubilar en honor a la Virgen de Consolación desempolva una homilía pronunciada por el cardenal Marcelo Spínola en una de sus visitas a Utrera.

el 30 mar 2014 / 23:46 h.

15626451 Interior del santuario de la Virgen de Consolación. / S.C. Los peregrinos que acuden al santuario de Consolación con motivo del Año Jubilar que se vive en este templo tienen la oportunidad de conocer la figura del cardenal Marcelo Spínola gracias a sus propias palabras. Una de las homilías del que también fue el fundador de El Correo de Andalucía ocupa la parte central del llamado Cuaderno del peregrino, una publicación que vienen recibiendo las miles de personas que están llegando en estos meses a postrarse ante la del barquito en la mano. En este templo, el beato destacaba la vinculación histórica de Utrera y de la Virgen de Consolación: «Si nombramos Utrera, luego al momento nos acordamos de este santuario, de ese altar y de la Virgen bendita que en el santuario tiene su palacio y en el altar su trono; y por la inversa, cuando pronunciamos Nuestra Señora de Consolación, se presenta involuntariamente en nuestra mente Utrera, la antiquísima Utrera, la ciudad de las bellas torres y de las suntuosas iglesias, el pueblo rico y culto donde se junta lo más escogido de la sociedad humana por el talento con lo más elevado por la posición y la virtud». También ponía en valor algo que aún hoy día es palpable: la importancia de la Virgen de Consolación y el renombre que le otorga a la ciudad de Utrera su destacada y popular devoción. De Ella decía que «ha engrandecido a Utrera más que sus feraces campiñas, más que su puro cielo y apacible ambiente, más que la celebridad de muchos de sus hijos y más, para decirlo en una palabra, que todo cuanto puede concebirse». 15626446 Página de El Cuaderno del Peregrino dedicada al cardenal Spínola. Uno de los mejores conocedores de la figura del cardenal Spínola es el actual párroco de Santa María de la Mesa y rector del santuario de Consolación –ambos templos de Utrera–, Ignacio Guillén, quien ha estudiado e investigado intensamente su vida. Este sacerdote de Lora del Río, que llegaba a la ciudad utrerana a comienzos de este curso pastoral, rescata la histórica homilía que ahora se ofrece a todos los peregrinos, y en la que incluso se recordaba la romería que protagonizaba la patrona de Utrera. Marcelo Spínola señalaba cómo había «hombres, mujeres y niños con estandartes y banderas, con luces y flores en las manos, y, sobre todo, con piedad dulcísima en el corazón, que llenaban las sendas, veredas y caminos que vienen a parar hasta Utrera. Los unos eran los de Los Palacios, los otros los de la histórica Marchena, y los de Morón y los de las más apartadas regiones hasta donde había llegado la fama de la misericordia de María», cuya devoción convirtió a esa romería en la más importante de la baja Andalucía. Su paso por el templo que preside la patrona de Utrera a finales del siglo XIX fue uno de los momentos que vivió el beato en esta ciudad. Pero la posición geográfica de la localidad utrerana y la especial vinculación de Spínola con los Salesianos le hizo regresar en otras ocasiones a esta ciudad, donde precisamente se encuentra la casa salesiana más antigua de España. De hecho, el cardenal fue quien escribió la primera obra biográfica sobre Don Bosco, aún en vida, en 1884. Entre algunas de las fechas destacadas se encuentra la de marzo de 1896, cuando en Utrera recibió a monseñor Cretoni, nuncio de Su Santidad en España. La escena se enmarcaba en la estación de trenes, el mismo enclave donde, el 13 de febrero de ese mismo año, era recibido por el gobernador civil y el presidente de la Diputación, en su viaje desde Málaga a la capital hispalense para tomar posesión de la sede episcopal tras su nombramiento como arzobispo de Sevilla. Ambos lo acompañarían hasta su destino, amenizando la parada del tren la charanga de los niños de los Salesianos, según las referencias documentadas que tiene en su archivo Ignacio Guillén. Su relación con la congregación religiosa que fundó San Juan Bosco le llevó a convertirse en el primer cooperador salesiano español –y, tal vez, mundial– beatificado. Fue una beatificación que tuvo lugar el 29 de marzo de 1987 por parte del papa Juan Pablo II. Marcelo Spínola colaboró con la restauración de la iglesia de Nuestra Señora del Carmen –perteneciente a las instalaciones del colegio salesiano de Utrera–, para lo que aportó 200 reales en 1884, como recoge una carta enviada al que fuera director del centro por aquel entonces, Ernesto Oberti. Este hombre estuvo entre las personas que integraron la expedición que llegó a Utrera en febrero de 1881, para fundar la primera Casa salesiana del país, convirtiéndose en un personaje fundamental durante los años iniciales de trabajo en esta ciudad, para darle continuidad a la obra de Don Bosco en dicha localidad. Precisamente en el templo salesiano, el 29 de febrero 1888, el beato Spínola predicaría la oración fúnebre ante la muerte de San Juan Bosco, un fallecimiento que aconteció el 31 de enero de ese mismo año. En 1896, el 28 de mayo, se vuelve a tener constancia de su presencia en la Casa salesiana, celebrándose la fiesta de María Auxiliadora, presidida también por él. Este beato, que igualmente fundó la congregación de las Esclavas del Divino Corazón, también alentó, ayudó y sirvió a las Hermanas de la Cruz. Siendo párroco de San Lorenzo, en la capital hispalense, fue fundada la compañía de la Cruz en su feligresía; y, como obispo auxiliar de Sevilla, estuvo al frente de la compañía como director interino. También conoció y trató al cofundador, el padre Torres Padilla. Es de suponer, por tanto, que en sus visitas a Utrera acudiera a la casa de la Hermanas de la Cruz que existe en esta ciudad, ya que fue la primera fundación de sor Ángela fuera de la capital hispalense. En sus 71 años de vida, éstos son algunos de los momentos de su vida vinculados con la localidad utrerana. En su trabajo como obispo auxiliar de Sevilla, también visitó las por entonces dos parroquias de Utrera en 1882, donde presidió sendas confirmaciones siendo obispo auxiliar. Es precisamente ésta una de las fechas más probables para su predicación en el santuario que preside la Virgen de Consolación, aunque no existe en este caso un registro concreto sobre la citada eucaristía. Tras este periplo por tierras utreranas en su cargo de obispo auxiliar de Sevilla, llegarían sus nombramientos como obispo de la localidad cacereña de Coria, a comienzos de 1885; y de Málaga, en septiembre del año siguiente; antes de regresar a la capital hispalense como arzobispo, en febrero de 1896. Desde que naciera en la localidad gaditana de San Fernando en enero de 1835, Marcelo Spínola afrontó numerosos proyectos en su vida. Se licenció en Derecho con la calificación de sobresaliente, antes de iniciar sus estudios sacerdotales, algo que se cree que ocurrió en los primeros años de la década de los 60 del siglo XIX. Fue capellán, párroco y canónigo para, posteriormente, el 6 de febrero de 1881, producirse su consagración episcopal en la catedral de Sevilla. Sería en julio de 1885 cuando, ejerciendo como obispo de Coria, funda la congregación de Esclavas del Divino Corazón, con la madre Celia Méndez y Delgado, marquesa viuda de la Puebla de Obando. Años más tarde, el 1 de febrero de 1889, nacía El Correo de Andalucía, de la mano de este beato, que igualmente estuvo detrás de otros muchos proyectos. A finales de diciembre de 1905 se le impuso la birreta cardenalicia, que ostentó durante poco tiempo ya que falleció días después –el 19 de enero de 1906–. Sus restos mortales se trasladaron al mausoleo de la capilla de los Dolores, de la catedral hispalense. Una docena de hermandades sevillanas guardan vinculación con la figura de Spínola, uniéndose numerosas instituciones y congregaciones religiosas y entidades laicas, dada su intensa agenda como prelado. El beato llegó a visitar 288 pueblos y 374 parroquias, siendo uno de sus lugares de presencia la ciudad de Utrera. Aquí, aún hoy día, con motivo del Año Jubilar que está celebrándose en torno a su patrona al conmemorarse las bodas de oro de la coronación canónica de esta imagen, las palabras que Marcelo Spínola dejó en su histórica homilía siguen resonando igual de vivas en honor a la Virgen de Consolación.

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