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Una igualdad formal con aspiración de ser real

La no discriminación por razón de sexo está regulada por un sinfín de normas y medidas que protegen sobre el papel. El salto definitivo pasa tanto por un cambio de mentalidad como cultural, el paso más difícil de conseguir hasta ahora.

el 07 mar 2014 / 22:18 h.

iguales«Busco camarera, sobre 30 años, sin pareja, sin hijos, que sea simpática, cachondona, seria, formal y limpia y que tenga ganas de trabajar en un bar, con coche propio y por unos 500 o 600 euros al mes». Oferta de trabajo de un local de Huelva publicada en octubre de 2013 en internet y denunciada por CCOO a la Inspección de Trabajo y al Instituto Andaluz de la Mujer, tras lo que fue retirada. «Resulta en este caso que la empresa basándose en la cobertura de una aparente causa objetiva económica de extinción contractual como es la existencia de reducción de ingresos procede a extinguir la relación contractual de la actora, trabajadora que se encuentra en situación de permiso por lactancia, y que precisamente a la fecha de la extinción contractual acababa de obtener una sentencia favorable en un anterior proceso de despido, datos estos que han de operar como indicios a los efectos del art. 181 de la LRJS de la vulneración de Derechos fundamentales invocada, y que en modo alguno quedan desvirtuados por la concurrencia de la causa objetiva a que hemos hecho referencia, pues nada se dice sobre su afectación a otros trabajadores del Ayuntamiento, sin haberse acreditado cual ese el criterio de selección utilizado para determinar el puesto a amortizar no obedece a criterio discriminatorio alguno, sino a criterios objetivos y ajenos a tal móvil». Sentencia del TSJA estimando parcialmente el recurso de una trabajadora de un Consistorio granadino contra el fallo sobre su despido de un juzgado de lo Social. «Requerimos a [...] para que en el plazo máximo de tres meses desplieguen medidas destinadas a reducir las desigualdades retributivas entre hombres y mujeres que puedan desplegarse en el año 2013, advirtiéndoles que, si no se cumplimentan en el plazo citado, se les impondrán los correspondientes apremios pecuniarios, sin perjuicio de las acciones por resarcimiento de daños que pueda promover la pare ejecutoria». Auto de la Audiencia Nacional de marzo de 2013 ordenando el cumplimiento de su sentencia dictada en enero contra unos grandes almacenes tras la denuncia de CCOO y UGT. He aquí tres meros ejemplos con los que justificar hoy la celebración del Día Internacional de la Mujer. Una efeméride que se celebra cada 8 de marzo desde 1911, fecha elegida en memoria de 129 trabajadoras que murieron asfixiadoas en el interior de una fábrica norteamericana de algodón por un incendio provocado por el dueño de la misma ante la huelga que convocaron y que este año se conmemora con el recuerdo a otras cuatro muertes de mujeres, en este caso como consecuencia de la máxima muestra de machismo como es la violencia de género. Muchos han sido los avances. Las discriminaciones que aparecen en los tres casos aludidos están taxativamente prohibidas por leyes que han ido desarrollando el principio de igualdad y no discriminación por sexo que aparece recogido desde la Declaración Universal de Derechos Humanos así como en la Constitución española y en el Estatuto de Autonomía de Andalucía. Pero que casos como éstos lleguen a los juzgados demuestra, como en muchos otros ámbitos, que no está de más dedicar un día al año a repasar lo logrado y lo que queda por alcanzar. Sobre todo porque se trata de las condiciones de vida de la mitad de la población sin la que se escribió parte de la historia en el pasado pero que ya hace años que no está dispuesta a que se escriba el presente y el futuro, ni la sociedad se lo puede permitir. Quizás porque han vivido en primera persona los grandes cambios y saben de dónde parten, el 8 de marzo cobra especial sentido para las generaciones que conocieron un país en el que las mujeres alcanzaban la mayoría de edad más tarde que los hombres, sus hermanos tenían más derecho a estudiar que ellas por el mero hecho de ser varones, su destino prioritario era casarse y tener hijos y si acaso trabajaban, sus padres o maridos tenían que firmar sus contratos y sus papeles bancarios, un empleo fuera de casa que solían abandonar al casarse y tener hijos. Hoy, las 4.259.758 andaluzas (que representan el 50,6% de la población de la comunidad) tienen, en general –y eso sí, en las sociedades desarrolladas–, las mismas oportunidades de estudiar y desarrollarse profesionalmente que los hombres. Pero las estadísticas siguen revelando que sufren mayor paro y precariedad laboral, pese a contar con un nivel académico e incluso unos rendimientos medios superiores. Y la gran pregunta sigue siendo por qué.   REPORTAJE EN PAPEL. De izquierda a derecha, Laura, junto su madre Joaquina, su hija Elena tumbada entre ambas, y su abuela Concha (bisabuela de Elena) al fondo, cuatro generaciones de una misma familia como testigos de los cambios vividos por las mujeres desde principios del siglo pasado. /J.M.Paisano REPORTAJE EN PAPEL. De izquierda a derecha, Laura, junto su madre Joaquina, su hija Elena tumbada entre ambas, y su abuela Concha (bisabuela de Elena) al fondo, cuatro generaciones de una misma familia como testigos de los cambios vividos por las mujeres desde principios del siglo pasado. / J.M.Paisano DISCRIMINACIÓN POSITIVA   Quien parte de una situación de desventaja requiere dar zancadas más largas y en menos tiempo para ponerse al nivel del otro. Esa es la justificación de las políticas de discriminación positiva puestas en marcha desde hace años por las instituciones, ya sea en forma de cuotas de representación en administraciones públicas y órganos de poder o en incentivos y subvenciones para la contratación femenina o la implantación de medidas a favor de la igualdad. Y hay otra explicación ligada al papel que tradicionalmente jugó la mujer en solitario, el de madre, que, con su incorporación laboral, debe compaginar con sus otras facetas de profesional o ciudadana activa en cualquier campo. Que el rol de la maternidad es una pieza clave en las condiciones de vida de las mujeres lo demuestra el hecho de que conforme ésta se ha ido incorporando al mercado laboral, ha ido retrasando el momento de tener hijos –actualmente las andaluzas se deciden a los 31,11 años– y reduciendo el número de éstos –la media es de 1,39 hijos por mujer–. Aquí entra en juego la corresponsabilidad de los padres no solo para el cuidado de los hijos sino en todo lo que compete al hogar, las políticas que favorecen la conciliación y, quizás lo más importante, un cambio cultural y de mentalidad tanto en ellas como en ellos que es probablemente el flanco más frágil incluso en las sociedades consideras más avanzadas y que pasa también por que ser o no madre sea una decisión libre, personal y ante la que la mujer que decida no serlo no sea considerada incompleta como no lo es un hombre. No por casualidad desde el Estatuto de los Trabajadoras pasando por una profusa normativa laboral, los despidos, cambios de condiciones y discriminaciones en general por razón de sexo cuentan con una amplia legislación para luchar contra ello y proteger especialmente a las trabajadoras cuando deciden ser madres. En unos casos surte efecto y en otros, la discriminación se oculta bajo fórmulas sutiles más complejas de atajar con la ley en la mano. Es difícil encontrar dos trabajadores en cuya nómina aparezca exactamente la misma categoría y distinto sueldo en función de su género pero basta con cambiar el nombre a la categoría, aunque las tareas sean las mismas, y voilá. Esa misma sutileza se da en los estereotipos machistas que sobrevuelan en los mensajes publicitarios y en contenidos informativos (al Observatorio de la publicidad no sexista del Instituto Andaluz de la Mujer llegaron el año pasado 431 quejas, 30 de ellas referidas a los medios de comunicación y cinco incluso a ofertas de empleo). Aunque la mayor sutileza es que el punto de vista u opinión de la mitad de la población esté sobrepresentada o directamente obviada (un análisis del Consejo Audiovisual de Andalucía sobre 2.860 horas de informativos de las cadenas públicas entre 2009 y 2012 reveló que 2.096 horas estaban protagonizadas por hombres mientras que los testimonios femeninos solo ocupaban 764 horas). Pero hay una negra lacra social en la que el machismo no es nada sutil sino que muestra su peor cara, esa que lleva a un hombre a considerar a una mujer su posesión. Mientras se preparaba este reportaje, tres mujeres han sido asesinadas en Andalucía por sus parejas o exparejas (uno de los cuales también mató su hija). Uno de los agresores era belga, las víctimas tenían entre 47 y 76 años y vivían en la lujosa urbanización de Sotogrande en San Roque, Torremolinos y Chiclana. Solo tenían en común ser mujeres.     EL RESTO DE REPORTAJES SOBRE EL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER E IGUALDAD, EN LA EDICIÓN EN PAPEL: LOS DATOS, TESTIGOS DE LOS CAMBIOS, HISTORIAS CON NOMBRE PROPIO, ETC.    

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