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Una iniciativa acertada

Es necesario reconocer el acierto de la Presidenta del Parlamento en organizar, bajo el rótulo La Democracia da la cara, una exposición sobre la cartelería y medios de propaganda electoral utilizados en las convocatorias habidas hasta el momento.

el 15 sep 2009 / 18:09 h.

Es necesario reconocer el acierto de la Presidenta del Parlamento en organizar, bajo el rótulo La Democracia da la cara, una exposición sobre la cartelería y medios de propaganda electoral utilizados en las convocatorias habidas hasta el momento. Además de sus funciones naturales (representación del pueblo, impulso político, control del Gobierno), el Parlamento cumple así una función importante de protección, conservación y difusión de nuestra historia política. Obligaciones ineludibles me impidieron asistir al acto inaugural y haber compartido el recuerdo y la nostalgia con quienes protagonizaran el primer debate de investidura de un Presidente de la Junta de Andalucía.

De aquellos líderes de entonces, me han llamado la atención las declaraciones de Luis Uruñuela, a quien profeso respeto y afecto desde que lo conocí como profesor en la Hispalense. Decía el líder andalucista que sentía una "gran extrañeza" por no estar presente su partido en la Cámara actual, al no haber superado el mínimo de votos necesario para obtener representación parlamentaria. Y, en efecto, cabe preguntarse cómo y por qué un partido, como el PSA primero y PA después, que tanto hizo por la autonomía andaluza ha pasado a ser extra parlamentario, con una presencia residual en los ayuntamientos y con un futuro difícil de predecir.

Las causas de esta situación son múltiples y diversas, unas estratégicas y otras puramente tácticas, además de los personalismos y disensiones internas que agravaron aun más la precaria estabilidad del partido. En mi opinión, hubo un error de partida en la determinación de la base social y el modelo de partido. Hay que reconocer que en Andalucía no ha existido un sentimiento nacionalista claro y reivindicativo, con apoyo en determinados sectores sociales, como ocurre en otras comunidades como en Cataluña y el País Vasco. La derecha andaluza de entonces no creía ni quería la autonomía y así se frustraron intentos serios, como el liderado por el profesor Clavero. La militancia andalucista tenía presencia en los núcleos urbanos y se nutría fundamentalmente de una clase media ilustrada de profesionales y profesores, lo que se traducía en una incidencia social muy limitada.

El segundo error de origen consistió en no saber definir el modelo de partido. En aquel momento estaba claro que los andalucistas no podían competir con el PSOE-A o el PCA, partidos firmemente implantados en toda la geografía andaluza. Los responsables del PA no comprendieron que su partido nunca llegaría a ser hegemónico en Andalucía; que su modelo era un partido de cuadros, no de masas; que su clientela electoral era sobre todo urbana y que su objetivo estaba en condicionar la política andaluza en aquellos momentos en que la falta de mayorías absolutas requiriesen su participación en el gobierno. Y, dada su ambigüedad ideológica, podrían pactar a derecha o a izquierda.

Si a estos dos errores originales se añaden todos los despropósitos y decisiones erráticas de sus líderes, sobre todo en los últimos años, se comprenderá que los andalucistas estén hoy fuera del Parlamento.

Antonio Ojeda Escobar es notario

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