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Una investidura con eco

Las voces de los ‘indignados’ desde la calle se escucharon durante todo el acto.

el 11 jun 2011 / 22:05 h.

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El alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, recibe el cariñoso saludo de la duquesa de Alba al finalizar la sesión de investidura.
Sólo el clamor de los indignados que se manifestaban en la Plaza Nueva, intenso al inicio e intermitente durante la larguísima ceremonia, agitó ayer el abigarrado protocolo de la toma de posesión de Juan Ignacio Zoido como alcalde. Ortodoxo y clásico hasta decir basta, no parecía que el rigor del acto fuera a dejar lugar para sorpresas salvo anécdotas que podrían pasar por diseñadas, como el error del edil más joven, José Luis García, al pronunciar "juro o prometo" al asumir el cargo en vez de elegir una de las opciones; o la reivindicación de la palabra "concejala" en el caso de las socialistas.


Pero hubo sorpresa, y doble: la primera, que por primera vez en el Ayuntamiento de Sevilla una concejal, Josefa Medrano, de IU, prometió su cargo "por imperativo legal" tras mostrarse partidaria de "un estado republicano, federal, laico y solidario". La segunda que el público, que ya había abucheado los discursos de los portavoces de PSOE e IU -de forma algo impropia para el contexto-, se pasó por completo de rosca entonces abucheando, gritando e incluso insultando con gruesas palabras a la edil.

Paso a paso, la investidura de Zoido fue tan ceremoniosa como los maceros vestidos de rojo y los policías locales de gala que escoltaban desde las escaleras hasta el Salón Colón, el más solemne de todos los del Consistorio.
Los indignados, sin coordinación con el interior, casualmente pitaban con fuerza mientras hablaba el cabeza de lista de IU, Antonio Rodrigo Torrijos, y cuando recogió su medalla el concejal del PP Curro Pérez, mientras que Zoido se libró de sus quejas durante sus dos discursos.

Los sones de la Banda Municipal, apretujada en el patio de abajo -los músicos juran haber tocado en espacios más reducidos- llegaban sofocados arriba, donde los invitados desbordaban el Salón Colón, ampliado abriendo el de los Relojes. Encabezados por el presidente de la Junta, José Antonio Griñán, y por los del PP nacional y andaluz, Mariano Rajoy y Javier Arenas, los asistentes eran en su mayoría una alfombra de trajes oscuros y corbatas.

Claro que hubo colorín, sobre todo gracias a la duquesa de Alba, Cayetana Fitz James Stuart, que se convirtió como suele en el alma de la fiesta junto a su novio, Alfonso Díez. Sin desmerecer a Curro Romero y su mujer, Carmen Tello, o a la exmujer del torero Espartaco, Patricia Rato, muy vinculada al PP -es sobrina del exministro Rodrigo Rato-. También asistieron como invitados el padre de Mari Luz, Juan José Cortés, y el placero de Su Eminencia que simbolizó la campaña de Zoido, Juan Gallardo.

Tal fue la cantidad de gente -fuentes del PP confesaban que tuvieron que denegar varias peticiones- que el delegado no electo al que Zoido designará para Seguridad, Demetrio Cabello, tuvo que sentarse al fondo. Cuando la muchedumbre se acercó a Zoido, la sobriedad se convirtió en un tumulto que hizo sufrir a los guardaespaldas. Entre los asistentes protocolarios estaban des-de el presidente de la Audiencia, Damián Álvarez, y la fiscal jefe, María José Segarra; al presidente del Betis, Rafael Gordillo y José Antonio Bosch; pasando por el presidente de la CEA, Santiago Herrero, el arzobispo Juan José Asenjo y el director del hotel Alfonso XIII, Carlo Suffredini.

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