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Una jornada para desquitarse

Las siete cofradías rompieron finalmente la maldición de los últimos dos años, en los que el agua acortó la jornada a la mitad. El Jueves Santo retomó su pulso en un día pleno sólo empañado por el incidente vivido a media tarde en Tetuán, que mantuvo la calle cortada casi dos horas, obligando a desviar los cortejos de Las Cigarreras, La Quinta Angustia y El Valle

el 16 sep 2009 / 01:10 h.

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Y al tercer año... el Jueves Santo brilló más que el sol. Ya tocaba. Sevilla recuperó la plenitud de su jornada más clásica, rompiendo con la maldición de los dos últimos años, en los que el agua redujo la nómina a la mitad. Ni si quiera el vertido de aceite en Tetuán, con el desvío de tres cofradías, restó esplendor a un día para enmarcar.

Ayer tampoco hubo que mirar al cielo. Fiel a la tónica dominante en lo que va de Semana Santa (crucemos los dedos), la ciudad vivió un Jueves Santo según los cánones: sol, bulla, ríos de mantillas por las calles, colas matina¬les en las visitas a los templos y bares a rebosar al mediodía. Era el preludio de una Madrugá, que, a media tarde, se colaba por las murallas y bajaba por Feria con el paso marcado de una centuria, la de los Armaos macarenos. Su batalla: llevar un mensaje de Esperanza al Resucitado de Santa Marina, a los niños y mujeres hospitalizadas del Virgen del Rocío y a Sevilla entera, hasta terminar pidiéndole la venia al Señor que vive en San Lorenzo.

Fue el Jueves de la euforia, del desquite, sobre todo para las tres primeras cofradías: Los Negritos, La Exaltación y Las Cigarreras. Después de dos años, coronaron el sueño de salir a la calle. Ya lo de¬cían en la calle Recaredo a primera hora de la mañana: "Este año no hay que mi-rar a la veleta de San Roque". Ni cabildos de urgencias ni llamadas a Meteorología, el sol -abonado esta Semana Santa- aseguraba sin sobresaltos el camino a la Catedral.

La mala racha terminó al fin en la Ronda Histórica. Con siete minutos de adelanto, la antigua cruz de las toallas se plantaba en la Campana. La cofradía de los Negros, como le apoda cariñosa¬me¬nte el antro¬pólogo Isidoro Moreno, había dado el estirón en estos dos años. El cuerpo de nazarenos superaba el millar, según explicaba su exultante alcalde, Julio Sanz. Un milagro después de dos Jueves de sinsabores. El Cristo de la Fundación perfumó la Campana con su monte de jacintos, mientras que el palio innovó con tulipanes holandeses. La plaza del Duque dio la bienvenida a la Virgen de los Ángeles con una lluvia de pétalos desde lo alto del edificio del Ocaso. La levantá del palquillo de la Campana tuvo nombre y apellidos: Alegría Serrano Vallejo, la hermana número 1 e hija del doctor que en 1936 ocultó a la dolorosa en su casa de La Florida. "Nuestra oración y esta entrada en la Campana van por su salud", se escuchó bajo el faldón, que volvía a ser de terciopelo azul liso a la espera de bordar los de color gris que venía sacando.

El retraso acumulado era sólo de cinco minutos cuando el diputado de cruz de guía de La Exaltación pedía la venia en el patíbulo al presidente del Consejo, Adolfo Arenas, acompañado del vicepresidente, Carlos Bourrelier; y el delegado de día, Vicente Ramos. Los nazarenos albimorados hicicieron un esfuerzo por recuperar tiempo y hasta se le llegó a cortar una marcha al palio, que desfiló a golpe de tambor; un gesto de solidaridad con el día que no terminaron de encajar muy bien los abonados de la Campana, ávidos de ovaciones.

La tranquilidad de la tarde se vio alterada por un incidente que llegaba de la cercana calle Tetuán. Un camión de Lipasam (empresa municipal encargada de la limpieza) había vertido un líquido deslizante -aceite-, convirtiéndo esta céntrica vía en una pista de patinaje muy peligrosa. El suceso se producía a las 17.50 horas. Entonces, la cruz de guía de Las Cigarreras asomaba al principio de Tetúan. La cofradía tuvo que improvisar de inmediato un recorrido alternativo, rodeando la Plaza Nueva y llegando a la Campana por Méndez N¬úñez y O'Donnell. El Cecop acordonó inmediatamente la zona afectada y echó serrín sobre la mancha de aceite. Durante ceerca de dos horas sólo se podía discurrir por las calles transversales.

El percance permitió protagonizar una estampa histórica al discurrir por primera vez por el cauce natural por el que desembocan las herman¬dades que provienen de Triana. La otra novedad de esta corporación vino de la mano de la banda de cornetas y tambores Nuestra Señora de la Victoria (Las Cigarreras), que conmemoraba sus tres décadas tras el paso de misterio. De manera extraordinaria la formación alistó en sus filas a más de una treintena de antiguos músicos que ayer recordaron viejos tiempos al tocar -vestidos de calle- tras su Cristo. El batallón musical superó el centenar. Entre ellos un rostro conocido, del compositor Bienvenido Puelles Oliver, ex hermano mayor de San Gonzalo y que en su día integró esta banda. El director y alma máter de la banda, Antonio González Ríos, empuñó el llamador del misterio en la Campana: "Va a llamar Antonio, que lleva 30 años acompañando musicalmente a su imagen, que ya me hubiese gustado a mí haber estado aquí delante treinta años", jaleó el capataz Villanueva.

La Virgen de la Victoria reservó otro momento memorable. La dolorosa retrocedió en el tiempo, en concreto a 1900, con un tocado rematado con una gargantilla de brillantes. Iba vestida como en el azulejo que hay en la calle Asunción esquina con Virgen de la Victoria, según explicaba su vestidor, Joaquín Gómez, que no ocultó su alegría por la salida de la cofradía: "A la tercera va la vencida". La postal antigua se remataba con otros detalles como el pañuelo dorado de Isabel II, la media luna de la Esclavitud de Nuestra Señora de Los Terceros en recuerdo a su estancia en este templo y la réplica de la carabela Nao Victoria en la delantera del palio.

La Virgen de la Victoria contó con un lazarillo de honor: el pregonero de la Semana Santa Enrique Henares, cuyo nombre sonaba por primera vez después de su controvertido discurso en la Maestranza. Le dedicaron la levantá del palio. El retraso ya alcanzaba los treinta minutos.

Monte-Sión quiso también aportar su grano de arena a este Jueves de ensueño. La estampa de sabor añejo la protagonizó el ángel confortador del paso de misterio. La imagen sacó una antigua túnica de tisú de plata. El exorno floral fue a base de lirios morados tanto en el pedestal del ángel como en el friso de unas andas con olivo que levantaron los primeros aplausos en el corazón de la Campana.

El Círculo Mercantil, en plena calle Sierpes, recordó con una ofrenda floral el 450 aniversario de esta hermandad del barrio d la calle Feria. El crucificado de la Salud -titular que en la actualidad no procesiona- saldrá de manera extraordinaria en octubre. En el varal delantero, un lazo negro recordaba a Francisco Roiz Villegas, medalla de oro de la hermandad y hermano de honor, fallecido recientemente. La cofradía había reducido el retraso a veinte minutos. El presidente del Consejo agradecía el esfuerzo realizado al tocar el martillo del palio de la Virgen del Rosario en sus Misterios Dolorosos.

Al igual que Las Cigarreras, La Quinta Angustia se vio también afectada por la mancha de aceite en Tetuán, aún acordonaba por los trabajos de limpieza de los operarios. Cambió su transitar por Rioja y Tetuán por O'Donnell. Las cruces arbóreas de la Magdalena trajeron el fresco de la noche. Las mantillas empezaban a replegarse después de una intensa mañana de visitas a los sagrarios.

La tercera damnificada por lo sucedido en Tetuán fue El Valle. Pese a que la calle ya estaba limpia y abierta al público desde las 19.40 horas, técnicos del Cecop advirtieron de que los productos químicos echados para retirar el aceite podían afectar a los nazarenos descalzos. En el patíbulo de la Campana se le facilitaron dos alternativas: vol¬ver por Sierpes o por la calle Cuna detrás de Pasión. Finalmente, regresó por Sierpes-Cerrajería-Cuna.

La última instantánea del día la dibujó el Señor de Pasión: sin potencias ni corona de espinas. Por primera vez le acompañaron 63 nazarenas. La Virgen de la Merced silenció la noche en la que podría ser su última salida sin música. Era el punto y aparte para un Jueves Santo que terminó con media hora de retraso... y con la Madrugá pidiendo paso.

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