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Una joven de San Jerónimo deja su casa por las agresiones de sus vecinos

Raquel ha tenido que abandonar su casa de San Jerónimo, que compró hace siete meses, después de numerosas agresiones de sus vecinos cuya causa no acierta a entender. A las amenazas y los insultos les siguieron una paliza y un intento de atropello.

el 14 sep 2009 / 20:21 h.

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Raquel ha tenido que abandonar su casa de San Jerónimo, que compró hace siete meses, después de numerosas agresiones de sus vecinos cuya causa no acierta a entender. A las amenazas y los insultos les siguieron una paliza y un intento de atropello, el día de su cumpleaños. Ha vuelto a vivir con sus padres.

Una paliza entre cinco mujeres que la tiraron al suelo y la emprendieron a puñetazos y patadas, rompiéndole la nariz y una costilla, fue la gota que colmó el vaso, en agosto: Raquel, de 31 años, había comprado el piso en abril y cuatro meses después lo abandonaba. Intentó volver, pero el 1 de octubre, cuando apareció por la calle Boquerón, un menor de la misma familia quiso arrollarla con la moto. La enganchó y de nuevo le causó lesiones. Tuvo que irse a denunciar mientras en su casa la esperaba la tarta de cumpleaños.

"No tengo ni idea de por qué la han tomado conmigo", dice con pesadumbre. Los agresores son una familia gitana de un piso del bloque, en el que llega a alojarse hasta diez personas. Al principio, las mujeres de esa familia subían a su casa a pedirle "cosas de limpieza o comida". Tanto, que dejó de abrirles la puerta. Entonces llegaron los insultos y las amenazas; escupían a su paso, la empujaban cuando se la cruzaban en el portal y hasta defecaron en su trastero. Y antes de la paliza que la obligó a irse, tuvo que llamar varias veces a la Policía para salir de casa porque la esperaban en el rellano hilvanando amenazas.

La joven lo ha denunciado en el distrito, en el Ayuntamiento y en la Policía Nacional, pero la tramitación judicial sigue su curso y nadie le garantiza que esté segura, por eso ha vuelto a casa de sus padres. "Pero sigo pagando una hipoteca de 600 euros y no sé qué hacer con el piso, no lo puedo vender ni alquilar en este plan", se lamenta. Ayer trató de entrar en su casa para ver si tenía correspondencia, pero las mujeres volvieron a arremolinarse en torno a ella y a su madre. Y cuando llegó su padre, un varón comenzó a pedir a gritos un cuchillo. "Es una chica trabajadora, que tiene horarios complicados porque trabaja en la hostelería, y casi no pasa por su casa, yo no sé qué les molesta", se queja su madre, Antonia.

Los vecinos han recogido más de 500 firmas de apoyo y se plantean manifestarse para exigir soluciones. Pero ella, en tratamiento psicológico tras las agresiones, no piensa volver a su casa.

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