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Una jubilación muy especial

José Antonio Zapata se jubila después de pasar 50 años, 6 meses y 18 días vistiendo a generaciones de sevillanos en el mismo lugar, la sastrería de José Cañete en la calle Rioja, dónde comenzó con 14 años como aprendiz

el 28 ago 2014 / 12:00 h.

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José Antonio Zapata en Cañete José Antonio Zapata en Cañete José Antonio Zapata es un señor de 65 años que, como otras personas de su edad, acaba de jubilarse. Ha trabajado mucho y desde muy joven. Al mirar atrás, después de una larga trayectoria, podrá hilar una gran secuencia de momentos que han ido llenando su vida profesional. Pensarán que es algo que ocurre habitualmente, pero lo cierto es que nuestro protagonista guarda un detalle muy especial. Todas las imágenes de esa bonita película se han desarrollado en el mismo escenario, en una sastrería sevillana que lo ha acompañado durante 50 años, 6 meses y 18 días. Esta es su historia. JOSE ANTONIO ZAPATA José Antonio Zapata delante de la sastrería en la que ha trabajado toda su vida. / José Luis Montero Llegaba a la sastrería Cañete en el año 1964 siendo un «joven alobado», con mucho respeto por su trabajo. Se trataba de un comercio de categoría y él hacía y deshacía siempre obedeciendo a los que estaban por encima suya. Era el chico para todo y aunque empezó como aprendiz, pronto se consolidó como encargado. Comenzó en una sastrería como podía haber empezado en cualquier otro sitio. Pero con el tiempo descubrió que ese era su lugar y aunque tenía muchas aspiraciones siempre se ha mantenido en el comercio de la sastrería. Pasó por un taller de platería, una oficina e incluso trabajó en un bar, dónde recibió la carta de solicitud para la incorporación en la conocida casa Cañete. Se veía algo encasillado y a la sombra de los demás, por eso confiesa que se planteó buscar más allá y atravesar los muros de la sastrería, pero ocurrió algo que le hizo cambiar de opinión. Su encargado Fernando Rivera, al que recuerda con mucho cariño, se iba de la empresa y le comunicó que don José Cañete había pensado en él para quedarse en su puesto. «¿En mí?, ¿con 20 años?», se asombra aún. JOSE ANTONIO ZAPATA «A partir de ahí tocaba tirar del carro, mano a mano con don José». José Antonio fue labrándose el porvenir poco a poco y ya nunca pensó en cambiar de oficio. «Cuando llegas a un punto, y lo que estás haciendo te gusta, y sientes que lo tienes metido en las venas… ¿qué puedo hacer mejor de lo que hago?»  Llegar a los 65 años en ese mismo comercio era impensable para él, nos confiesa, pero el campo se fue abriendo y «poco a poco fuimos creciendo la tienda y yo». José Antonio no conoce a nadie que haya estado tanto tiempo trabajando en el mismo lugar. «Creo que seré el último de Filipinas, eso no se puede dar ya más» explica consciente de que para darse la misma situación hay que empezar a trabajar con 14 años y ya no se puede, además de que las circunstancias ahora son difíciles para encontrar trabajo. Admite que en la tienda ha hecho de todo, desde abrir paquetes hasta hacer arreglos o composturas, y señala que aunque no es sastre, a base de ir viendo al dueño, aprendió incluso a hacer algunas cosas de costura. «En tantos años, da tiempo de todo» Sin duda en cinco décadas el negocio ha evolucionado a más no poder, pero lo que más miedo le da, «es la rapidez con la que pasan las modas, que no da tiempo a hacerse a algo cuando ya ha pasado». «Si antes había que estar preparado, ahora más todavía», subraya. Al preguntarle por el sentimiento que tiene con respecto al negocio, José Antonio admite que aunque nunca fue suyo, él lo sentía como si lo fuera. Su caso era muy particular, ya que para el señor Cañete nunca fue un empleado al uso. «Para mí, Don José era como un hermano mayor que me acogió y me dio mucho cariño junto a su familia» y «aunque también hemos tenido nuestras diferencias, siempre he tenido presente que el dueño era él» y admite que esos desacuerdos han servido para salir adelante y crecer. El día de la jubilación se acercaba y aunque reconoce que se había estado mentalizando, José Antonio amaneció el pasado miércoles día 20 «con mariposas en el estómago» una mezcla de sentimientos y emociones que le hicieron derramar unas lágrimas al cerrar por última vez aquella puerta de la calle Rioja. José Antonio estará contento de que sus clientes le echen en falta. «Siempre que sea porque han estado a gusto con mi trato, con los años, por la competencia y formalidad que haya podido tener con ellos y por mi servicio, por mí encantado». Pero admite que en Cañete siempre han trabajado en equipo, «el servicio es uno de nuestros éxitos, no mío, nuestros». Dice haber recibido tres regalitos y ahora dedicará el tiempo libre a cosas que antes no podía por su situación laboral: sus nietos, de los que piensa disfrutar mucho; hacer algún viaje con su mujer y su gran afición, los sellos. «Ahora podré implantar mi horario», alega. José Antonio lo tiene muy claro. Asegura que «nunca se deja de aprender» y que ante los errores hay que saber rectificar, mientras que si algo va bien, «hay que apostar por ello». Hay que dar paso a los que vienen por detrás y respetar a las nuevas generaciones. «El trabajo, la honradez, la constancia y la perseverancia» son, para él, las claves del éxito.

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